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Aunque todavía puede considerarse como una posibilidad, para muchos inevitable, la aplicación de un impuesto por concepto de envío de dinero de los Estados Unidos a México, ya prácticamente definido en el proyecto de presupuesto fiscal del presidente del vecino país del norte, no puede dejar de preocupar a quienes sus familiares, en la mayoría de los casos, les envían dinero para ayudarlos en la economía, dicho de otra manera, los millones de paisanos radicados en el vecino país del norte se hacen cargo de muchos de los gastos que se hacen el contexto de sus respectivos grupos integrados por los padres y los hermanos, así como, en muchos casos, de la esposa y los hijos; convertidos entonces en los mantenedores de la familia.
Si traducimos en términos de número, son más de cien millones de paisanos los radicados en diferentes estados de la Unión Americana, ocupados en un sinfín de actividades que realizan de forma eficiente, particularmente en las áreas agrícolas, donde la mano de obra que aportan le abonan a los altos ingresos obtenidos por sus empleadores; luego entonces, es innegable que los trabajadores nacionales, son, en muchos casos, insustituibles por ello, como ya se había comentado anteriormente, la aplicación de un impuesto del cinco por ciento al dinero que envían representará una merma considerable, afectando los presupuestos ya definidos para los gastos familiares.
Regresando al punto de partida original, el proyecto de presupuesto fiscal de Donald Trump para el próximo año incluye, entre otras cosas, cobrar un impuesto del cinco por ciento a las remesas que los trabajadores indocumentados envían a México, bajo el argumento de reforzar la vigilancia en la frontera; el proyecto ya fue aprobado por el Comité de Reglas de la Cámara de Representantes, condicionada por la postura arbitraria de su presidente.
De alguna manera, se puede decir que, aunque hubo desacuerdos, se logró la votación necesaria para que se continuara con el proceso legislativo, es decir, se aprobó por el Comité de Presupuesto y, posteriormente, se votó por el Comité de Medios y Arbitrios, lo que completó el proceso.
A pesar de la imposición hubo algunos imponderables, en particular porque los efectos de incrementar los impuestos y de aumentar grandes cantidades de dinero, doce mil millones de dólares a la vigilancia en la frontera, puede provocar que se pierdan las coberturas en la salud, particularmente en grupos de mayor vulnerabilidad; en respuesta a los señalamientos, Trump hizo referencia que no habría recortes, por el contrario, se evitarían despilfarros y abusos excesivos en estas áreas de la salud.
Aun cuando todavía no ha quedado definida la forma de aplicación sobre los impuestos anunciados; la postura de la presidenta, según lo declaró, será firme en contra del posible cobro de impuestos, calificándolos de violatorios a acuerdos bilaterales previamente definidos, así como discriminatorios, en este sentido, expreso que un grupo de senadores mexicanos, de diferentes partidos, se encuentra en Washington para dialogar con legisladores estadounidenses y se pueda frenar la propuesta.
En este mismo contexto y con la llegada a México del embajador Ronald Johnson, se le hizo un planteamiento sobre la preocupación del asunto de las remesas; en respuesta diplomática, se comprometió a facilitar el dialogo con los congresistas de su país; en este acercamiento, todo parece indicar que se mantendrán relaciones claras y armoniosas con el nuevo embajador.
Más allá de las “negociaciones” que realizan los representantes de México para lograr la “bondad” de los legisladores gringos, y no se vean afectadas las remesas de dinero que se envían día con día de los Estados Unidos a nuestro país, también es importante hacer una reflexión respecto a ese mismo dinero, que aunque no se puede entender como un impuesto, también es cierto que las empresas que se dedican, son muchas, a realizar las transferencias del dinero, cobran cantidades importantes por este concepto; entonces se puede entender que si se paga un “impuesto” a instituciones bancarias y de crédito, las que se llevan grandes cantidades de dinero por este tipo de operaciones.
Solo para ejemplificar, uno de los bancos cobra una comisión por transferencias internacionales, que puede variar de acuerdo a la forma de como se realiza ese traspaso de dinero, fluctuando entre los veinte y 39 dólares; aplicando su particular criterio para obtener un amplio margen de ganancia lo que, por obviedad afecta el monto final que recibe el beneficiario.
A pesar de estas formas de aplicación en los costos por envío, siempre existe la necesidad de hacerlo, en virtud de convertirse en un medio insalvable para mantener el contacto entre las familias, en este caso particular de lo económico; así es que, desde un punto de vista particular, el cobro de los impuestos, de acuerdo con lo aprobado en las leyes de los vecinos norteamericanos, será prácticamente irreversible, aunque, quizá, se pudiera pensar, de manera optimista, en un tres por ciento, que al final también sería mucho dinero para ellos; y bueno, como siempre, aprobados o no, los paisanos seguirán enviando sus remesas.