Inversión federal de mil millones de pesos ampliará cobertura y capacidad de saneamiento, destaca la Comisión Estatal del Agua y Saneamiento en Diálogos Circulares
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Como ha ocurrido en los últimos tiempos, el anuncio, previamente pactado, sobre el aumento a los salarios mínimos quedó concretado, estimándose que a partir del año siguiente para toda la República el salario tendrá un incremento del 13 por ciento, convertido en 9 mil 582 pesos con 47 centavos mensuales, sólo quedando excluida la frontera norte, donde el incremento será de 5 por ciento; comparativamente, en el primero de los casos cambia de 278.80 a 315.04 pesos diarios, en el segundo pasa de 419.88 a 440.87 pesos.
Aunque desde el punto de vista numérico se refleja un aumento significativo, también sirve para distinguir que esto no resuelve una realidad tangible, es decir, a pesar de la defensa a ultranza de que no habrá inflación, los aumentos a los productos de primera necesidad la contradicen.
Para darle un sustento legal a tan tradicional aumento en los salarios, el acuerdo, según se dice, contó con la participación de hombres y mujeres que tienen bajo su responsabilidad determinar, en este caso, cuáles serían los montos, previo a un análisis riguroso, sobre los aumentos correspondientes, para el caso los intervinientes fueron, entre otros tantos, el titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, Marath Baruch Bolaños López; representantes de sindicatos y empresarios; sin faltar el presidente de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, Luis Felipe Munguía Corella. En este mismo contexto, presenciaron, sólo como testigos, el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Francisco Cervantes; Altagracia Gómez, coordinadora del Consejo Asesor del Desarrollo Económico Regional y Relocalización, quien alguna vez fue llamada “la chica maravilla” por la fastuosidad de sus indumentarias; junto con los mencionados, se agregaron otros representantes de organizaciones obrero-patronales del país.
En una comparación muy limitada, se puede decir que en los periodos de gobierno denominados neoliberales se daba el caso de que los salarios mínimos se mantuvieron congelados, bajo el argumento de que si se diera algún aumento, también aumentarían los precios, en paralelo la inflación; de tal manera que los trabajadores bajo este régimen, mantuvieron un estatus por un extenso periodo de tiempo.
Como ejemplo, de 1992, en el periodo Salinista, al 2018, el de Peña Nieto, el Salario Mínimo General se incrementó 621.31 por ciento de forma acumulada, con una inflación, también acumulada, de 790, dicho de otra manera, el reducido ingreso perdió aceleradamente su poder adquisitivo en términos reales; justamente en este periodo del neoliberalismo la política pública al respecto era contener el ingreso obrero en todas sus modalidades.
Con estas consideraciones y comparaciones, pareciera que el gobierno actual ha encontrado la formula para poder controlar el aumento de los salarios y las limitaciones inflacionarias. Cuando menos así lo refiere la presidenta Claudia Sheinbaum, que los aumentos, en años anteriores y el actual, no tendrán impacto en la inflación, es decir, lo que representa la parte laboral en el costo de producción no implicará incrementos, ni en los productos y, por lo tanto, tampoco en la inflación; esto representa un récord, porque no ha existido inflación y sí el aumento del salario mínimo, al que se le seguirá dando continuidad.
En criterios más “románticos” hay quienes se atreven a señalar que si un matrimonio tiene la posibilidad de trabajar, el salario se multiplicará al doble, lo que les garantiza una mejor nivel y calidad de vida; sin embargo, las circunstancias son otras, en cuanto a que hay personas que ni siquiera tienen un trabajo y, pareciera, que esas son las excluidas del discurso.
En otro sentido, hay otras necesidades que se pueden asociar con el salario mínimo, por ejemplo, el de eliminar las UMAS, que afectan los ingresos o el cumplimiento de compromisos por alguna deuda, esta Unidad de Medida de Actualización es una referencia económica en pesos mexicanos que se ocupa para calcular el monto de multas, impuestos, créditos y otras obligaciones previstas en las leyes; por lo tanto, las diferencias se hacen notables cuando se trastoca el salario o la deuda; por ejemplo, en el caso de las pensiones, las que, se supone, ya debieron cambiarse de régimen, es decir de UMAS a salarios mínimos. En otro orden de ideas, quizá también la iniciativa de cambiar los horarios en las semanas laborales, de 48 horas a 40, desafortunadamente todavía no hay claridad en esta transición, en primera, porque se dice que este cambio se hará paulatinamente en un lapso de cinco años, situación que, hace suponer, se hará a largo plazo, quizá cumpliéndose en un nuevo periodo de gobierno.
De alguna manera, se pueden observar algunas situaciones que se asocian entre sí, los salarios, la semana laboral y la inflación; al parecer su vinculación trastoca los otros aspectos, por ejemplo, se ha dicho que no habrá aumentos en los precios, sin embargo, algunos productos de la canasta básica ya aumentaron su precio, ni se diga ahora que vienen las festividades decembrinas; la reducción de los tiempos laborales, tal vez la afectación se dé cuando los niveles de producción se reduzcan de tal manera que las ganancias de los empresarios se verán mermadas con las afectaciones de los trabajadores; de igual manera, la conversión de UMAS a salarios mínimos supone, en imaginario, la imposición de impuestos que hasta hoy no se han aplicado. Mientras eso no ocurra, hay que festinar el aumento a los salarios mínimos.