Estos momentos que son la culminación de una época, el final de un tiempo marcado como 2025, motivan a realizar un balance como honesta evaluación y ejercicio autocrítico, a fin de encontrar razones, argumentos o sinrazones sobre errores, distorsiones y frustraciones o también revisar aciertos, analizar resultados positivos que han significado avances, impulsos y crecimiento a través de las estrategias de desarrollo que con eficaz planeación se trazaron para cumplir metas y objetivos en beneficio de la población, de los gobernados, porque responsables en el manejo inteligente del poder e institucionalmente comprometidos con la sociedad, se han de edificar nuevas y mejores expectativas.
Con renovados propósitos, a partir de mañana Zacatecas debe avanzar en bienestar e integración social y alejar a los municipios y comunidades de las desgarraduras que la violencia e inseguridad han provocado, los gobiernos estatal y municipales deberán empezar por relanzar innovadoras y agresivas estrategias de crecimiento y enlazarlas o encadenarse hacia un efectivo progreso que se sostenga hasta la transición al 2027 y desde ahora evitar las inconsistencias, alteraciones, conflictividad, fracasos y tibios adelantos o inciertos avances que solo van a insistir en arraigar el estancamiento que ya es una calamidad que se repite a cada sexenio.
Lanzar la consigna del 2026 como el año del progreso significa diseñar políticas realmente progresistas, no es solo un discurso oportunista e impresionante, tienen que edificarse cambios y transformaciones que devuelvan seguridad y estabilidad a los sectores productivos, y para lograrlo, el gobierno de David Monreal y las fuerzas sociales tienen que actuar coordinados y con la indispensable unidad de objetivos, con acuerdos sobre las políticas económicas, de promoción industrial y turística, asumir con toda responsabilidad la prioridad del campo, completar pues la estrategia de los tractores del desarrollo para que se conviertan en las fuentes generadoras de los empleos que urgen.
El gobernante, el gabinete estatal, los legisladores federales y locales, los magistrados y jueces, los empresarios e inversionistas, académicos y magisterio, los presidentes municipales, la estructura toda gubernamental y civil, tienen que detenerse a revisar los planes presupuestales y estrategias de crecimiento de la iniciativa privada, sumarlo todo integralmente como la fórmula más acertada para más pronto superar los rezagos, la pobreza, la desigualdad, justicia social y la corrupción, temas que seguramente estarán en el centro de las decisiones, acciones que han de ser compatibles con la desafiante consigna del progreso en el año que mañana comienza.
Políticamente han de ser superadas las diferencias y generar los necesarios y vitales acercamientos entre gobierno y sociedad, porque hay rompimiento de equilibrios por actitudes sectarias con preferencias y exclusiones que niegan el discurso de unidad y reconciliación, la división debe eludirse y contrariamente, reproducir armonía institucional, hacer posible la convivencia política e ideológica, para que juntos todos, desde el poder y la oposición, desde el estado y los municipios, acompañados por la federación, trabajar en la construcción del progreso bajo la determinación de acuerdos y consensos por el interés superior de Zacatecas y de los zacatecanos. Bienvenido el 2026.