Quien afirme que Zacatecas es un escenario de unidad, no solo se equivoca, miente rotundamente, porque desde los espacios de poder se advierten las escisiones, se vierten ofensivas que se replican sobre las estructuras organizacionales e institucionales de los gobierno y los partidos y la lucha por las candidaturas arrecia, se tensa y se exhiben los desencuentros internos que van desde las ignorantes e ingenuas expresiones hasta los ataques directos e infames que más ahondan la división hacia lo irreconciliable y por consecuencia, la fracturación, vulneración y debilitamiento de las estrategias preelectorales del 2027 para refrendar gubernatura y las mayorías legislativas y municipales.
En lo inmediato, hay costos políticos que ya se cobran por el exitoso festival cultural y las estelas de conflictividad que han dejado las movilizaciones campesinas de productores de frijol y defensores de los riegos agrícolas, la permanente inestabilidad en el sistema educativo donde no cesan los errores de conducción y negociación con el magisterio; en la Universidad hierven acciones que atisban hacia rompimientos e injerencias desde el poder; y como siempre, no existe operatividad política, no aparece la inteligente y acertada conducción de los problemas que mejor estallan para generar incertidumbre y surge la complejidad presionada por la desinformación y los excesos.
Los más preocupantes testimonios de confrontación se dan entre los actores del poder, en los partidos que lo sostienen, Morena y sus aliados del Trabajo y Verde Ecologista; se insiste en las descalificación contra los diputados federales Alfonso Ramírez Cuéllar, Ulises Mejía Haro y José Narro Céspedes, que se consideran adelantados en la batalla por la candidatura gubernamental; el supuesto dirigente morenista Rubén Flores Márquez, se mantiene en el cumplimiento de la consigna para defender los intereses de su candidata y es el primero que atiza la degradación del quehacer político, muy alejado de su responsabilidad promotora de unidad y cohesión que garanticen fortaleza electoral.
Lejos, muy lejos está el llamado de Ricardo Monreal a la reconciliación, y más se acercan al abismal distanciamiento, hay un entuerto que les quema las entrañas con grave desgaste a su partido y la reproducción de una atmósfera de desconfianza y decepción entre la militancia y los ciudadanos convencidos de las políticas de bienestar de la cuarta transformación. Esta muy claro, o proceden a impulsar el acercamiento y al diálogo inmediato hacia el entendimiento o las diferencias se ahondan y juntos harán historia cierta, pero hacia el fracaso electoral en 2027. Así andan los odios y amenazantes riesgos de división y así provocan el regocijo de las fuerzas de oposición que día a día se consolidan.
A las fuerzas morenistas les urge conducción y acertado liderazgo, su dispersión ya es notable y abierta como heridas que van a tardar en sanar, son varios los frentes de confrontación que muestran descontrol y ausencia de rumbo, los actores políticos actúan para hacer bolas el engrudo y no promueven unidad ni conciliación, no son capaces de perfilar signos o señales de unidad, no se atreven a sumarse como una sola potencialidad, ni Verónica Díaz, Geovanna Bañuelos o Carlos Puente, imposible hacerlo con Ramírez Cuéllar, Ulises Mejía o Narro, ni con Saúl Monreal que lidera fuerzas de gran significado, ni desde Luisa María Alcalde o desde David Monreal se intenta armonizar para coexistir.