Aunque se pretenda una simulada estabilidad que ostente un proceso de transformación en la normalidad democrática, los zacatecanos interesados en las movilizaciones políticas y sociales, no alejan su cotidiana observación del escenario nacional y sobre el comportamiento de la opinión pública y parecen dar fe en las encuestas que reflejan la intensidad de una carrera de actores políticos que unas veces se posicionan a la vanguardia en las encuestas y otras rezagados, pero todas y todos se cuidan de no cargar culpas ni responsabilidades, y al contrario evaden los monitoreos y enfrentan las normas no escritas y las legales para solo resaltar sus cualidades competitivas.
Los aspirantes a la gubernatura, todas y todos caminan por la ruta del ascenso o del derrumbe y lo hacen cada quien por su lado, con sus propias estrategias que luego resultan inteligentes o de torpezas, o sea, no hay reglas claras ni al seno de los partidos ni en la movilización ante la sociedad, porque no hay conducción y mucho menos liderazgo capaz de dar cauces institucionales y organizacionales a la contienda y dejan entrever un panorama que pinta caótico, como un desbarajuste inentendible que solo aporta confusión y degradación del quehacer político, lo mismo ocurre entre los partidos en el poder Morena, el PT y Verde Ecologista que en la oposición del PAN, PRI, PRD y MC.
Desde el poder gubernamental deben existir cualidades para una firme convocatoria al respeto a las militancias y ciudadanía, llamar a las dirigencias y a los aspirantes a la civilidad, la convivencia plural en la unidad, a evitar las confrontaciones e impedir que el proceso avance en el vacío y sin repercusiones de impulso a la participación ciudadana ante las urnas y al contrario, tal parece que se atizan conflictos menores y mayores, pero que colectivamente suman gravedad que apunta hacia el desastre, no hay ni los exhortos desde las instituciones electorales o desde los liderazgos de la transformación y oposición para que sean evitados rompimientos internos que luego trascienden sin control.
Desde el centro de las grandes decisiones, la Presidenta Claudia Sheinbaum aprieta a las organizaciones políticas afines y de correligionarios, pero localmente hay expresiones grupales e individuales que deliberadamente aflojan y desatienden las reglas de la norma democrática, como así procede entre los morenistas zacatecanos el supuesto dirigente estatal Rubén Flores Márquez, que inclinado ya en sus preferencias por una candidata, atiza ofensivas contra adversarios internos, así sean Saúl Monreal, Geovanna Bañuelos, Ulises Mejía, Alfonso Ramírez Cuéllar o José Narro Céspedes y por consecuencia, amenaza con desatar mayores conflictos y peligrosa división.
El primer responsable del acontecer político y social durante el desarrollo del proceso preelectoral y electoral hacia 2027, está en el liderazgo gubernamental, aunque se salten los compromisos institucionales, el desempeño debe ser conciliador, imparcial, de promoción del diálogo, acercamientos, entendimientos para generar y reproducir un escenario de normalidad democrática, respetuoso y participativo; convocar a los legisladores federales y locales, a los alcaldes, a las dirigencias de partidos y organizaciones sociales, si no hay riendas ni conducción se corre el riesgo de provocar más desconfianza, señales de ilegitimidad y tendencias hacia el colapso electoral, como así se advierten.