El innombrable de Marx
Lo cierto es que que a esta lacra social le debemos, por lo menos, la basura de libros de texto gratuitos para educación básica que actualmente nuestros pupilos sufren a lo largo y ancho de esta nación.
Lo cierto es que que a esta lacra social le debemos, por lo menos, la basura de libros de texto gratuitos para educación básica que actualmente nuestros pupilos sufren a lo largo y ancho de esta nación.
Ya seguramente para estos momentos todo el público lector estará enterado del nuevo sainete con el cual nos han deleitado en estos nuevos tiempos transformados: la patada en el trasero que le dieron a Marx Arriaga, Ex - Director de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública, y la negativa ridícula y mentecata, por decir lo menos, de éste para abandonar su puesto y hasta atrincherarse en sus oficinas para evitar ser desalojado de su lugar de trabajo, aduciendo una traición ignominiosa y flagrante a quien tantos servicios ha proporcionado a la patria y a la revolución en marcha, una afrenta a la educación pública, una injusticia inmerecida a quien tanto debemos, etcétera.
A este personaje se le acusa, con justa razón, de priorizar una visión política específica alineada con las doctrinas socialistas más retrógradas y trasnochadas que tengamos memoria, en lugar de mantener la neutralidad y el rigor académico necesarios en la educación pública. Su salida debería abrir la oportunidad de regresar a materiales más objetivos y centrados en la pedagogía.
Durante su administración, se reportaron múltiples errores en los nuevos libros de texto, que iban desde fallas ortográficas y de diseño hasta imprecisiones históricas y científicas (como el famoso caso de la infografía del sistema solar). Muchos expertos señalaron que estos errores eran producto de la prisa y la falta de revisión por pares académicos calificados.
Arriaga mantuvo una postura confrontativa con diversos sectores. Descalificó frecuentemente a especialistas, pedagogos y asociaciones de padres de familia que cuestionaban el “Nuevo Modelo Educativo”. Su estilo de comunicación, a menudo percibido como polarizante y poco abierto al diálogo (como todo comunista cuaternario), dificultó la construcción de consensos necesarios para una reforma educativa exitosa.
Hubo señalamientos constantes sobre la falta de transparencia en cómo se seleccionaron a los creadores de contenido y cómo se llevaron a cabo las asambleas para el diseño de los materiales. Se criticó que se dejara de lado a editoriales y expertos con experiencia probada en favor de procesos apresurados.
Especialistas en educación advirtieron que bajo su dirección se diluyeron materias clave como matemáticas y español (lectoescritura) al integrarlas en “campos formativos” de manera confusa. Su salida podría permitir una revisión curricular que fortalezca nuevamente estas áreas esenciales para el desarrollo cognitivo de los estudiantes.
La salida de este esperpento de la instrucción pública mexicana representa la posibilidad de despolitizar la educación, corregir las deficiencias técnicas de los materiales y restablecer el diálogo con expertos para mejorar la calidad educativa en México. Por eso aplaudimos y festajamos (con hilaridad) su salida.