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/ Foto: Margarito Pérez / Cuartoscuro.com
Diversas señales de alerta han emergido en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) tras el reciente asesinato de un estudiante de 16 años al interior del Colegio de Ciencias y Humanidades Sur. El presunto asesino de 19 años pertenece a un grupo denominado ‘incels’, término que se refiere a célibes involuntarios. Estos jóvenes, rechazados por las mujeres, interactúan a través de las redes sociales y comparten mensajes violentos dirigidos a ellos, pero buscan aprecio y compañía, lo que refleja una “crisis de salud mental” como lo explica la investigadora Andrea Samaniego.
El tema no es menor. En los últimos cinco años, la UNAM detectó que la depresión en estudiantes de bachillerato incrementó de 11.4% a 25.6%; en licenciatura fue mayor, de 16.7% a 32%. En el nivel medio superior, la ansiedad pasó de 13.2% a 23%; para nivel superior sube de 17.6% a 28%. Referente a pensamientos suicidas, se incrementó en un 70%. La brecha por género es de 7.9% en mujeres frente a 1.8% en hombres que cursan el bachillerato y 6.2% a 2.3% en licenciatura, respectivamente.
El Comité Técnico para la Atención de la Salud Mental de la Comunidad Universitaria de la Máxima Casa de Estudios reporta que fueron atendidas 43 mil personas y se ofrecieron 119 mil consultas. No obstante, sólo 37% de las mujeres y 30% de los hombres accedieron a recibir acompañamiento psicológico o psiquiátrico.
En este contexto, los trastornos mentales en la infancia y adolescencia se prolongan en la edad adulta y repercuten en distintas esferas a lo largo de la vida e incluso impactan de forma indirecta a las siguientes generaciones. Los padecimientos de salud mental se han incrementado y será mayor en niñas, niños y adolescentes por lo que es necesario un tratamiento como lo detalla el libro ‘Salud mental y violencia colectiva. Una herida abierta en la sociedad’, coordinado por Juan Ramón de la Fuente y Deni Álvarez Icaza.
En un ámbito comunitario, los infantes y los jóvenes que sufren de alguna afectación mental son rechazados o estigmatizados, sienten que su entorno social es inseguro y amenazante, y cierta parte padece de violencia en su comunidad. La violencia colectiva es el uso instrumental de la fuerza por un grupo contra otro y puede ser desde ámbitos políticos, económicos o sociales como lo define la Organización Mundial de la Salud. Esta violencia se traduce en problema de salud pública con daños psicológicos y físicos.
En conclusión, los daños a la salud mental se está incrementando exponencialmente entre niñas, niños y adolescentes por lo que es necesario y urgente rectificar las políticas públicas, mejorar la atención en las instituciones de salud y educativas, reforzar la convivencia pacífica y armoniosa en los entornos sociales y familiares.