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Seis de cada diez trabajadores en Zacatecas están en la informalidad. No es una cifra de rezago histórico que se está corrigiendo gradualmente: al cierre del cuarto trimestre de 2025, había 38 mil informales más que un año antes. El empleo total creció, sí. Pero creció hacia las sombras.
Daron Acemoglu y James Robinson, Premio Nobel de Economía 2024, ofrecen una de las explicaciones más rigurosas de por qué esto ocurre. En Por qué fracasan los países (2012), argumentan que el subdesarrollo no es producto de la geografía, la cultura ni la falta de esfuerzo colectivo. Es producto de las instituciones. Específicamente, de instituciones extractivas: aquellas diseñadas no para distribuir oportunidades sino para concentrar beneficios en unos pocos, excluyendo a la mayoría del acceso real al sistema económico y legal. Donde las instituciones son extractivas, la formalidad se vuelve un privilegio, no una condición de base. Y la informalidad, en consecuencia, no es una anomalía. Es la norma.
En Zacatecas, esa exclusión tiene cara y número. De los 706 mil ocupados al cierre de 2025, 428 mil están en condiciones informales. No cotizan al IMSS, no acceden a crédito productivo, no generan historial fiscal ni previsional. Trabajan más de 42 horas semanales en promedio, pero completamente fuera del circuito que genera derechos y riqueza acumulable. La economía zacatecana, en su mayor parte, opera al margen del sistema que se supone debe protegerla e impulsarla. Y lo más revelador: la tasa de condiciones críticas de ocupación cerró 2025 en 38.8%, por encima del año anterior. Más personas trabajando, en peores condiciones que antes.
El error más frecuente es leer este fenómeno como una decisión individual: la gente prefiere lo informal, no le gusta pagar impuestos, le falta cultura empresarial. Acemoglu y Robinson invierten esa lógica. Cuando formalizar un negocio cuesta meses de trámites, cuando la carga fiscal aplasta al micronegocio y cuando el Estado ofrece poco a cambio de la formalidad, quedarse fuera del sistema no es irresponsabilidad: es la respuesta racional a instituciones que no fueron diseñadas para incluir a todos.
El resultado es una trampa que se retroalimenta. Sin formalidad no hay seguridad social; sin seguridad social no hay ahorro sistemático; sin ahorro no hay inversión productiva a escala. Cada trabajador que permanece fuera del sistema formal es también un consumidor con menor poder adquisitivo, un emprendedor sin acceso a crédito y un ciudadano sin red de protección ante cualquier crisis. La informalidad mayoritaria no es síntoma del subdesarrollo de Zacatecas: es uno de sus principales mecanismos de reproducción.
Celebrar que el empleo creció sin preguntar en qué condiciones creció es, en el mejor de los casos, una lectura incompleta. En el peor, es confundir movimiento con progreso. La salida no es un llamado genérico a la formalización: es rediseñar las instituciones que hacen costoso formalizarse. Eso implica simplificar trámites y reducir la carga fiscal sobre micronegocios. Zacatecas tiene una economía que se mueve. Lo que no tiene es una economía que incluya.