La presidenta presentó su Plan B para limitar presupuestos de congresos y cabildos; reveló que cada diputado en Zacatecas implica un gasto promedio de 12.2 mdp.
Tras siete meses de cierre, las obras para reparar el socavón en García Salinas avanzan y se proyecta reabrir en los próximos días. Conoce los detalles.
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Las cifras oficiales dicen que las remesas cayeron 1.4% en enero. Suena manejable. Casi irrelevante. Pero esa lectura omite lo que más importa: cuando se ajusta por inflación y por el fortalecimiento del peso frente al dólar, el poder adquisitivo de lo que reciben las familias zacatecanas se desplomó 18.4% en términos reales. El sobre llega, pero ya no alcanza igual.
Para Zacatecas, esto no es un dato macroeconómico. Es una crisis silenciosa. Las remesas equivalen al 9.9% del PIB estatal, una proporción que nos coloca entre los cinco estados más dependientes del país. No hay sector productivo local, no hay política pública, no hay programa de gobierno que mueva esa aguja con la misma fuerza. La economía zacatecana, en buena medida, funciona porque alguien decidió irse.
Y ese alguien está en problemas. La política migratoria de Trump ha golpeado el mercado laboral de los mexicanos en Estados Unidos: su tasa de desempleo saltó de 4.7% a 6.1% en un mes. Las redadas, las deportaciones y el miedo han reducido el número de operaciones de envío en 5.2% anual. Desde que Trump regresó al poder, el flujo acumulado de remesas hacia México cayó 4.8%. No es una corrección temporal; es una tendencia.
A esto se suma un impuesto federal del 1% a las transferencias en efectivo al extranjero, vigente desde enero de 2026. El costo de mandar dinero subió. Algunos migrantes prefieren acumular y enviar menos veces, o simplemente esperan. El resultado: menos operaciones, menos frecuencia, menos certeza para las familias que esperan ese ingreso quincenal.
Lo que revelan estas cifras va más allá de la coyuntura. Zacatecas construyó durante décadas una economía donde la válvula de escape fue la migración. Cuando la gente no encontró empleo, se fue. Cuando se fue, empezó a mandar dinero. Y ese dinero sostuvo el consumo local, financió vivienda, educación y salud donde el Estado no llegó. Las remesas no son un éxito económico: son el costo visible de un modelo que nunca generó suficientes oportunidades en casa.
El problema es que ese modelo supone un flujo constante desde afuera. Y ese flujo ahora depende de decisiones que se toman en Washington: quién puede trabajar, quién puede circular, quién puede mandar dinero sin que le cobren por hacerlo. Zacatecas no tiene voto en esas decisiones.
La caída real del 18.4% no es una estadística. Es el presupuesto familiar que ya no cierra, la medicina que se pospone, el ciclo escolar que se complica. Y mientras eso ocurre, la entidad no tiene un aparato productivo que funcione como red de contención. Tenemos minería sin encadenamientos, campo sin transformación, comercio informal sin productividad. El sobre llega cada vez más vacío, y no hay nada construido para llenarlo desde adentro.