Análisis3 de febrero de 2026
Schmeling ayudó a costear su funeral, en 1981, en un gesto más de amistad suprema.
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Schmeling ayudó a costear su funeral, en 1981, en un gesto más de amistad suprema.
Ayer se cumplió el vigésimo primer aniversario luctuoso del alemán Max Schmeling (partió a los 99 años de edad), quien puso de cabeza al mundo del boxeo al noquear en 12 asaltos al ídolo norteamericano Joe Louis en el ring del Yankee Stadium, el 19 de junio de 1936. Esta historia conlleva episodios extraordinarios.
Aquella victoria de Max fue presumida estentóreamente por Adolfo Hitler, que proclamaba la “superioridad de la raza aria”. Al alimón, se vivía una de las peores épocas de segregación racial en la Unión Americana, por lo que muchos blancos apostaron a favor del teutón y celebraron la caída del que era conocido como “el imbatible Joe”, a los 22 años de edad.
Sin embargo, en el mismo calendario de 1936 vinieron los Juegos Olímpicos de Berlín. En este magno evento, el orgullo nazi sería humillado por el atleta estadounidense de velocidad Jesse Owens, del mismo color de piel que Louis, y quien borró toda oposición en suelo alemán al conquistar oro en 100 m, 200 m, relevos de 4x100 y salto de longitud.
Luego de su revés contra Schmeling, vendría una racha de 11 éxitos al hilo de Louis que incluyó destronar como rey universal pesado al mítico “Hombre Cenicienta” Jimmy Braddock, y así crear una increíble expectación en su revancha contra el alemán, en 1938 también en el Yankee Stadium. Joe le propinó una cruel paliza al teutón y lo destruyó en el primer episodio.
Schmeling, quien siempre negó pertenecer al partido nazi, no guardó ningún sentimiento en contra de Louis. Por el contrario, se manifestó como su admirador y le dio apoyo financiero décadas después, cuando, con su salud minada y deudas millonarias en impuestos y por su afición al juego, Louis estaba en bancarrota total. El último recuerdo que se tiene de Louis fue cuando daba la bienvenida al público en la entrada del hotel Caesars Palace de Las Vegas, un empleo que, se dice, le consiguió su amigo Frank Sinatra.