Robo millonario en Chapultepec
En 1940, el hijo de la señora Portú de Icaza, al querer recuperar las joyas hurtadas a su madre, terminó asesinando a un hombre
Carlos Álvarez / La Prensa
Pero la suerte le tenía reservada una butaca en primera fila para ver pasar su tragedia que, no obstante el dinero y las joyas, vería minar su vida.
Pero nadie se salvaba de los hábiles ladronzuelos que rondaban por la zona en busca de una oportunidad fácil; y nada más sencillo que un bolso llamativo a la vista, dentro de un auto mal cerrado.
Luego, como si estuviera fatigada, hizo una larga pausa y dijo que quería hacer la sensacional denuncia del robo del cual había sido víctima. Se dejó caer sobre una silla y le relató los hechos al hombre con la placa de detective.
Llegó en la tarde, como era su costumbre, al Bosque de Chapultepec a bordo de su viejo pero ostentoso automóvil. Casi siempre era lo mismo, un breve paseíto alrededor del Lago, acompañada de su mejor amigo, el pequeño pekinés.
Horas más tarde, al terminar su paseo, la señora Portú de Icaza regresó de inmediato a su vehículo, no como en otras ocasiones, cuando se encontraba con algún conocido y se quedaba a platicar un poco.
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UNA PISTA PARA LOS DETECTIVES
En relación con la denuncia, de inmediato la maquinaria de la justicia comenzó a girar doblemente: la Judicial inició sus investigaciones al mismo tiempo que el Servicio Secreto salió en busca de pistas.
Mientras tanto, en las oficinas del Servicio Secreto se tenía la convicción de que los ladrones eran unos simples aficionados, quienes ni por un asomo pensaron encontrarse con tan fabulosa cantidad dentro de aquella sencilla y desencantadora bolsa de tejidos.
EL HIJO DE LA SEÑORA PORTÚ TERMINÓ EN PRISIÓN
En su afán de recuperar las pertenencias de su madre, acabó con la vida de un hombre y aunque más tarde lo negó, sólo le valió para enredarlo en un lío peligroso
Como si no bastara con haber perdido sus amadas joyas -que con tanto amor había cargado durante los últimos años, noche y día y a todos lados-, el infortunio batió sus alas negras sobre la señora María Portú de Icaza de nuevo y muy pronto.
Fue el mismo Meza y Portú quien se presentó ante el coronel Sánchez Salazar, jefe de los Servicios Secretos, para solicitar que se le permitiera acompañar a los agentes en la investigación que se realizaba para aclarar el robo del que fue víctima su madre.
Al cabo de pocos minutos, de la oscuridad emergió el señor Meza y Portú; estaba lívido y muy agitado:
-Allí a la vueltecita, hay un muerto -exclamó el detective aficionado-. Y este otro que está aquí -agregó, señalando a un individuo que dijo llamarse Trinidad Castro Apresa-, me ha querido asaltar usando armas.
RECUPERADAS EL BOTÍN
Durante toda una noche, Crispín de Aguilar interrogó al detenido Pedro Casas Jiménez, alias El San Melón, y éste confesó que había vendido una parte de las joyas a una señora judía que vivía en las calles de San Juan de Letrán por sólo 40 pesos.
Para el detective fue un asombro inaudito; cómo podía la estupidez rateril dar por una miseria un botín millonario.
TRAS UNA JUDÍA Y LAS JOYAS
De inmediato, luego de oír toda la declaración del inculpado, Crispín de Aguilar salió a buscar a la señora judía, a quien El San Melón le había vendido la parte que le había tocado del botín.
Con precisión detectivesca, el sabueso se apersonó con la judía Aída Terstein, quien, en efecto, tenía en su poder varias de las joyas que pertenecían a la señora Portú de Icaza.
TODO EL JOYEL EN MANOS DE LA JUDICIAL
Mucha joya recogió el comandante Crispín de Aguilar, las cuales constituían la casi totalidad de las alhajas que fueron robadas a la señora Portú de Icaza.
¿Y RODOLFO RIVA PALACIO?
Se informó que, en la Procuraduría del Distrito Rodolfo Riva Palacio, uno de los principales implicados en el robo a la señora Portú de Icaza, no había sido consignado todavía a dicha dependencia por la Jefatura de Policía de la villa Gustavo A. Madero.
INVESTIGACIÓN DE LA POLICÍA
DELINCUENTES EXHORTADOS
Al mismo tiempo, el coronel Martínez Guevara identificó a los dos acompañantes de Urquizo Peña como dos criminales reclamados por varias autoridades del país, por lo tanto se los llevó detenidos.
Por su parte, Crispín Aguilar recogió a José Urquizo Peña las joyas que formaban parte de la totalidad de las que fueron robadas a la señora Portú de Icaza.
El viejo sabueso de los Servicios Secretos procedió a examinar el caso. Miró a Castro Apresa, y aunque era culpable de un delito, no por el de homicidio. Lo supo el experimentado detective; no obstante, cumplió el protocolo y lo interrogó.
LABOR DE TINTERILLOS
Cuando más tarde ese día el coronel Sánchez Salazar convocó a los periodistas para referir los últimos avances en las investigaciones, mandó llamar al señorito Meza y Portú, para que ratificara los hechos que había narrado horas antes en su declaración.
-¿No me dijo usted, señor Portú, esta misma mañana, recargado aquí en la ventana que había hecho usted varios disparos sin saber si había hecho blanco?
-Sí, lo dije, señor. Pero quiero aclarar que no es cierto.
-Entonces, ¿por qué me lo dijo? ¿Por qué vino a falsear la verdad?
-¡Porque uno de los agentes me lo aconsejó! -repuso enfáticamente Portú.
-¿Y bajo qué impulso tomó usted ese consejo tan comprometedor? ¿Puede usted señalar al agente que se lo dijo? -inquirió el coronel Sánchez Salazar.
-Entonces -dijo contundente el jefe de los Servicios Secretos-, la mentira de usted es flagrante. Ha podido usted reconocer a quienes lo acompañaron, desconociendo a quienes no estuvieron allí.
Jorge de Meza y Portú continuó en la negativa de haber sido el autor de la muerte del camionero Toribio Chávez Márquez, pero las declaraciones de los testigos coincidían todas en contra de lo que decía el joven aristócrata.
Días después, en el juzgado 17 de la sexta corte penal se efectuó una importante diligencia, apareciendo tras la reja Meza y Portú, quien sistemáticamente negó su responsabilidad en el homicidio.
El acusado J. Trinidad Castro Apresa, detenido por el robo de las joyas a la señora Icaza, aseguró que él no dijo haber visto cuando Portú disparó sobre el camionero; y que de ello solamente se enteró por los periódicos.
Todos los testigos aceptan haber encontrado junto al cadáver de Toribio Sánchez Márquez una navaja, la que al ser mostrada a la viuda del occiso, ésta la reconoció como de propiedad de su extinto marido.
También declaró el suboficial José F. Robles, quien afirmó que Portú le dijo haber disparado al ver que se le echaba encima Toribio.
Trágico Fin sin joyas; sin hijo
Un verdadero revuelo causó el caso de las joyas robadas a la señora María de Portú de Icaza, no sólo por la singularidad con que ocurrieron los hechos, sino por la manera en que paulatinamente el enredo se hizo más complejo.
Lo que parecía un simple paseíto de rutina en el Bosque de Chapultepec, para la señora Portú de Icaza finalizó no sólo en tragedia, sino en fatalidad.
Su noble hijo, al intentar recuperar las alhajas de su madre, asesinó a un hombre que en un principio dijeron las autoridades que era sospechoso, pero después de desahogar las diligencias, resultó inocente y su esposa e hijo clamaban justicia.
Por otra parte, el presunto responsable había admitido el crimen, pero después se retractó e inculpó a un agente del Servicio Secreto.
Y hasta ese punto las cosas parecían sombrías y difícilmente sería posible desanudarlas; sin embargo, como interviniera la Policía Judicial del Departamento del Distrito, pronto se vieron los frutos de su labor en el campo.
Tan sólo un par de días después del incidente, lograron capturar a dos de los más allegados al cabecilla de los ladrones y, por si fuera poco, se recuperó parte del botín y se obtuvieron las confesiones correspondientes que los guiarían a un final espectacular.
Esta disputa velada llevó a acelerar el trámite del asunto, por lo cual, el audaz detective Crispín de Aguilar se jugó el puesto -en declaraciones ante LA PRENSA-, si el caso no se resolvía en 24 horas.
Simultáneamente, por otra parte, se llevaba a cabo la diligencia correspondiente para determinar la culpabilidad o exoneración de Jorge de Meza y Portú, en relación con el crimen del chofer Sánchez Vázquez.


































