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Archivos Secretosviernes, 5 de febrero de 2021

Sal Sánchez, eterno campeón del boxeo e ídolo del pueblo mexicano

Derrotó a los mejores pugilistas de su tiempo, venció la pobreza, triunfó hasta convertirse en ídolo y sólo la muerte pudo noquearlo

Alfredo Sosa y Carlos Álvarez / La Prensa

Aproximadamente a las 3:30 horas, autoridades de la Policía Federal de Caminos arribaron al lugar del accidente y lo que vieron parecía una escena macabra: el toldo le había rasgado el cráneo.

Al amanecer, la horrible noticia circulaba en boca de todos como un hilo de sangre por todo el país: el campeón había muerto.

DERROTÓ A TRES FUTUROS MIEMBROS DEL SALÓN DE LA FAMA

La vida de un ídolo es siempre extraordinaria y no puede ser de otra forma. Su historia se cuenta aparte de la del resto y, por ello, tiene un matiz diferente.

Esta sería la primera gran batalla que ganaría contra tres futuros miembros del Salón de la Fama: “El Coloradito” López, Wilfredo Gómez y Azumah Nelson.

SALVADOR SÁNCHEZ VS. DANNY

SALVADOR SÁNCHEZ VS. WILFREDO GÓMEZ

Durante los meses previos al combate, Gómez se pasó denostando a Salvador Sánchez, a quien amenazó con propinarle una golpiza y arrebatarle el título mundial. El mexicano sólo contestó al respecto, que hablaría arriba del ring, con sus mejores golpes.

La fecha se cumplió y el 21 de agosto de 1981, Gómez y Sánchez escucharon la campanada inicial en el cuadrilátero del Cesar Palace, en Las Vegas, Nevada.

En el sexto round, Salvador dio cátedra de su boxeo con ganchos al hígado, combinación de uppers y rectos contra el puertorriqueño, haciendo que la sombra del nocaut rondara sobre la humanidad de Wilfredo Gómez, cuyo rostro era una masa grotesca.

Con esta victoria, Salvador Sánchez se consagraba como uno de los mejores boxeadores del mundo, ídolo y orgullo de sus seres queridos y por qué no decirlo, del pueblo mexicano.

En los siguientes seis meses, Sal Sánchez defendería con éxito su cetro ante el británico Patt Cowdell, a quien venció por decisión dividida, y al mexicano Jorge García, por decisión unánime.

SAL SÁNCHEZ VS. AZUMAH NELSON

¡ADIÓS, CAMPEÓN!

Esta es la crónica de aquel día:

Salvador Sánchez yacía en un féretro gris en el lugar que habitualmente es la sala de espera del palacio municipal de Santiago Tianguistenco, que quiere decir: “en la orilla del mercado”.

Escribió Wilbert que cincuenta coronas de flores cubrían su sepultura en el panteón municipal, además de la más valiosa, la del soberano universal de los pluma que jamás le fue arrebatada en nueve defensas.

Jamás en el cementerio de Santiago Tianguistenco se había visto a tanta gente; por todos lados parecía haber alguien, ya fuera en las bardas o trepados en los árboles o subidos en las cruces o en los monumentos.

DOLOR EN EL PALACIO MUNICIPAL

ALGUNOS GRANDES EN EL SEPELIO

Concluyó Wilbert Torre: “agradable [fue] encontrar este mundo incomparable de gente de box, de personas que parecen aferrarse a sus costumbres, de gente de barrio, buena que acudía a dar el pésame a parientes y amigos”.

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