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Tendenciasmiércoles, 5 de mayo de 2021

Cierran cantinas históricas de la CdMx

Les dijimos adiós por pandemia a Salón Luz y La Vaquita; tenían más de 100 años de dar servicio

Redacción / El Sol De México

Por Manuel Cosme

Al menos tres cantinas representativas del Centro Histórico de la Ciudad de México cerraron sus puertas, ya que no pudieron sobrevivir luego de los dos confinamientos por la pandemia de Covid-19.

Su menú de platillos era originario de los países de Europa Central con salchichas, sopa de pollo, col, chuleta de cerdo, milanesa y hamburguesa; contaba con gabinetes y un salón para eventos con capacidad de 50 personas.

Sobre la entrada que estaba en la calle de Isabela La Católica se puede observar un mosaico con la estampa de un Sagrado Corazón atravesado por dos flechas y en la parte superior del inmueble la hornilla tradicional con una imagen religiosa.

La cantina cerró sus puertas en junio del año pasado y desde entonces el local se encuentra en renta y se presume que su mobiliario ya no se encuentra ahí.

Una de las cantinas que ya no reabrió sus cortinas más recientemente fue La India, y junto a la entrada que daba a República de El Salvador tenía una imagen del Santo Niño Cieguito, que se venera en un templo de Morelia, Michoacán.

También era propiedad de un español, quien llegaba al negocio por la noche para atender la cantina que cerraba sus puertas cerca de las tres de la mañana y aún a esas horas era posible encontrar botana u otros platillos, como chapulines oaxaqueños, bacalao y latería.

Fotos de héroes revolucionarios, de la Ciudad de México y un retrato a lápiz de una indígena adornaban sus paredes, mientras que su mobiliario se componía de la barra tradicional, gabinetes y mesas.

Asimismo, daba servicio los 24 de diciembre, porque platicaban los meseros, no faltaba aquella persona que vivía solo y no tenía donde celebrar la Nochebuena.

El local, donde ahora se ubica, era una carpintería, luego se abrió la cantina, a la que le puso ese nombre porque al lado había un hotel llamado así, que dejó de funcionar para dar más espacio a la cantina.

Era una de las cantinas preferidas del escritor y periodista Eusebio Ruvalcaba, autor de Música de cortesanas y Lo que necesitas es una bicicleta, quien pedía un Johannes Brahms, que no era otra cosa que un whisky JB.

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