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Análisisviernes, 10 de octubre de 2025

Hablemos de Nosotras / Cuidemos a las niñas

Tendría yo unos 11 años, cuando cursaba sexto de primaria (ingresé un año antes, en esas épocas se podía).

Al salir del colegio, me gustaba pasar a casa de mi bisabuela, “la Bibis” como cariñosamente le decíamos; mi visita era corta, sólo iba de paso rumbo a mi casa.

Bordaba la abue y yo le preguntaba cómo podía ser tan talentosa.

--Lo aprendí de niña, me contó.

La Bibis notó mi asombro así que me explicó el motivo por el cual era tan experta:

--Cuando yo era niña, no podíamos estudiar. Sólo fui a la escuela hasta quinto de primaria, luego debía aprender a bordar, costurar y cosas de mujeres.

A los 17 años, mi bisabuelo “se la robó” y luego se casaron teniendo ella 11 hijos, algunos fallecidos prematuramente, otros siendo infantes.

Amaba esos instantes con ella, la observaba mientras me contaba diversos pasajes de su vida, me daba mucha ternura con sus cabellitos ralos, sujetos apenas por un ganchito, los brillantes ojitos oscuros y su sonrisa amable.

Mi abuelita era una mujer muy inteligente, fuerte y valiente. Enviudó joven y se quedó al frente de su familia con 8 hijos para criar.

Quisiera decir que historias como la de mi bisabuela han quedado en el pasado, sin embargo, hoy en pleno siglo XXI, siguen ocurriendo.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año, en los países en desarrollo, 21 millones de mujeres jóvenes entre 15 y 19 años quedan embarazadas y aproximadamente, 12 millones dan a luz.

En Chiapas, no hay cifras exactas acerca de menores de 15 años, sin embargo, de acuerdo con el INEGI, la tasa de fecundidad adolescente “es considerable”.

Desde el 2011, la Organización Mundial de las Naciones Unidas (ONU), oficializó el 11 de octubre como Día de la Niña; el mensaje es que “todas las niñas, de todas partes, merecen igualdad, oportunidades y dignidad”.

Este día se convierte en una fecha para reflexionar sobre la situación de las niñas y adolescentes mujeres, su vulnerabilidad y necesidades diametralmente opuestas a las de los varones menores de edad.

Una de las más soslayadas es aquella que las lleva a ser madres: la capacidad reproductiva que inicia con la menstruación.

La fiesta de XV años, es un rito de transición de “niña a mujer”, se presenta a la sociedad a la “nueva mujer” como una forma de indicar que está en edad casadera.

No es casualidad la elección de edad, puesto que era cuando por lo general se vivía la menarca en el siglo pasado.

Hoy en día, las hormonas presentes en la alimentación, los cambios en el medio ambiente y muchos otros factores, están provocando que las mujeres comiencen su menarca a edades cada vez más tempranas.

Es así como hablamos de niñas que, a los 9 años (algunas veces 7 u 8), deben lidiar con el período menstrual y todo lo que ello representa.

Niñas que, en Chiapas y cualquier otra comunidad vulnerable, enfrentan dificultades en el acceso a toallas sanitarias, copa menstrual o tampones.

Asisten, cuando es posible, a escuelas comunitarias que carecen de acceso al agua corriente o privacidad en los baños.

Sin mencionar la importancia de que estas niñas comprendan en la medida de lo posible, las necesidades que la secreción de hormonas del ciclo, le harán sentir o afectar en sus reacciones.

De acuerdo con la Convención de los derechos del niño (CDN), la educación sexual es dejada de lado por considerarse inmoral o simplemente para no contravenir los preceptos religiosos de la comunidad.

Así es como niñas con capacidad de vivir un ciclo menstrual, comienzan a ser vistas como “mujeres” en tanto a este hecho natural y por tanto, candidatas a esposas.

No es que “ahora las niñas son cada vez más atrevidas” como muchas personas se apresuran a indicar, es más bien que ahora cada vez más niñas experimentan una oleada hormonal para la que no están preparadas fisica, mental ni emocionalmente.

Situaciones que suelen atravesar solas ante la vergüenza de hablar de “eso” porque las palabras menstruación, sangre menstrual y cualquier otra relacionada son censurables, impuras, o faltas a la moral.

Igual que mi abue,a principios del s.XX, en el momento en que lees esto, decenas de niñas están enfrentándose a los mandatos de “la mujer” no por su edad, sino porque menstrúan.

Muchas de ellas deberán dejar la escuela, cambiarán los juguetes por hijos propios y una casa a su cuidado aunque no sean capaces ni de alcanzar el suelo sentadas en una silla.

La escuela seguirá siendo negada a todas esas Bibis, cuya inteligencia quedará enterrada en un fogón, una estufa, la crianza.

¿Cuántas doctoras, científicas, ingenieras se pierden así?

Y no, no un asunto lejano, algo que pasa en otro país, en otro estado, en alguna comunidad, allá, lejos. Apenas hace unos días, el futbolista Omar Bravo se ha visto envuelto en el escándalo, luego de que lo acusaran de abuso a una menor de edad.

Según la víctima, el “noviazgo” inició a los 11 y se prolongó hasta los 17 años de la joven quien reunió las pruebas para acusarlo por estos hechos ocurridos cuando Bravo estaba casado con la tía de ella.

También se resolvió recientemente sobre la acusación que hizo Sasha Sokol en contra de Luis de Llano quien, en una entrevista, aceptó haber sido su “novio” cuando ella tenía 14 años.

En ambos casos hablamos de hombres adultos, con pleno uso de sus facultades y, de su poder.

Es momento de hacer un alto como sociedad y cambiar la perspectiva: una menor de edad, con hijos, no es una mujer. No es una persona que eligió a su pareja, no estamos ante una casquivana a la que le gusta seducir hombres.

Pongamos un alto, las niñas son responsabilidad de todas las personas adultas a su alrededor, guiarlas, escucharlas, apoyarlas, debería ser tarea de toda la sociedad, ya no por humanidad, sino por bienestar común.

Mientras ellas tengan acceso a mejores condiciones de vida, habrá una mejora social con madres adultas emocionalmente más estables y dispuestas, hijos e hijas con una crianza amorosa e informada; mujeres profesionistas, etc.

Los beneficios son para todos, así que, por el bien de todos y todas: Cuidemos a las niñas.

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