Navidad para los cristianos es sobriedad, es el deseo de recibir a Dios que viene al mundo en la calma de una noche, y que no se deja ver por los que están ensordecidos por los halagos. Navidad es abrirse a la acción de Dios en nuestras vidas, que se abre paso con la sencillez, el silencio y la humildad. Navidad es volver a lo nuestro, colmados de la gran alegría del encuentro. Navidad es una actitud ante el mundo, es levantarse cada día desde la mística del Emmanuel, esto es, con la conciencia cierta de que Dios ha puesto su morada entre nosotros, es saber que Dios ha optado por el mundo y ha querido ser “Dios con nosotros”.
Navidad, antes que volver al otro y llenarlo de regalos, muchas veces efímeros y poco útiles, es dejarnos inundar por el gran Don con el que Dios ha querido enriquecer a la humanidad, que es Cristo su Hijo, el pan vivo bajado del cielo, que se nos da como alimento y nos capacita para ser los unos respecto de los otros, verdaderos dones en favor de una humanidad que se sabe en camino hacia el Señor. Navidad, entonces, es un estilo de vida con el que se camina por el mundo con la conciencia de la gratitud de saberse amado y puestos para amar, saliendo del simple sentimentalismo tendencioso. Es un acontecimiento que transforma desde abajo, desde la base, que modifica el todo de lo que somos y tenemos.
Si bien es cierto que el evangelio cuando nos narra el acontecimiento de la visita del ángel Gabriel a María no nos dice qué día fue, para sacar un cálculo aproximado de los nueve meses en los que nacería el niño. Y, la narración del nacimiento tampoco nos dice la fecha ni la hora. Eso no quiere decir que no haya sido un hecho histórico, puesto que lo que verdaderamente importa es el acontecimiento misterioso del nacimiento del Mesías. Hecho, por mucho, más grande que saber la fecha con exactitud.
Entonces, ¿por qué celebrarla en diciembre y el 25? Se sabe que la fiesta de la navidad fue instituida en Roma hacia el 330. En un principio su nombre fue “la venida del Señor”, para después cambiar por navidad, que viene de natalis. Así fue como rápidamente se extendió entre las comunidades cristianas. Una ocasión para mirar a Dios y agradecerle el don de la redención. Y hacer, también, una apuesta clara y decidida en favor de los demás, sin dejar de optar por los otros y de apostar por la humanidad en el mundo. ¡Feliz navidad!, significa apostar por lo humano, lo verdaderamente humano.