Gossipmartes, 21 de marzo de 2017
Feng Shui|Síndrome de Dorian Gray
Hijos tiranos- padres sumisos, una cadena en la que todos pierden
Diana Bayardo
Cunde por doquier
El error más grande
*Colaboradora

Inquieta y comprometida con rescatar a Hidalgo y a México de la marginación y la educación limitada, decidí en 2014 iniciar una Cruzada Nacional Por Una Educación Eficaz, con disciplina y valores, que me ha llevado por muchas escuelas de varias ciudades, ONG y público en general muy receptivo en la necesidad de aprender herramientas y técnicas que les permita terminar con patrones y creencias de una educación caduca por una más dinámica en la que el no merecer y la baja autoestima sean erradicados.
Actualmente se presenta notoriamente un síndrome surgido en la relación de padres inexpertos con hijos tiranos educados con la televisión-Internet y la ausencia de sus padres, porque estos salen a traer el pan de cada día. Conocido como síndrome de “Dorian Gray” en el que “padres y madres que borran diferencias entre ellos y sus hijos, pensando que eso acerca lazos". En mi tercer cruzada por una Educación con Disciplina y Valores puntualizo a los padres en la urgencia de educar con disciplina. Por eso con esta nota los invito a reflexionar juntos, y doy algunos consejos que siempre vienen bien, más si acuden a mi curso-taller “Como educar hijos para triunfar” que pronto llevaré a ciudades de 10 estados del país.
La comunicación actual entre padres e hijos está rota porque es inapropiado en el afán de recompensar a los hijos por ser padres ausentes que salieron a forjar y conseguir un futuro mejor para sus hijos; y también por querer implementar ser “amigos” de sus hijos a fin de supuestamente generar comunicación, rompiendo el lazo de respeto y reconocimiento del hijo hacia el padre. Un error es comprarle todo lo que el hijo desea convirtiéndolo en un niño que disfruta y saca tajada de la debilidad de sus padres; ejemplo: cuando en una juguetería los arrincona al querer un juguete mucho más caro del que podrían comprarle y bajo la amenaza de la “vergüenza en público” comenten el error más grave que es comprárselo llevándose el hijo su “trofeo” entre manos. Es inapropiado el caso en el que un muchacho –ante el desconcierto y desacuerdo de sus padres— los pone en jaque con un “barullo” de ideas, contradicciones y presiones que le permiten birlar un permiso bajo la suplica del "todos van", argumento que hace sentir a sus padres señores despóticos que dejan a su hijo sumido en la tristeza de ser el "único" que se queda en casa, sólo y triste mientras sus amigos se divierten. No la pasa bien tampoco el pequeño que somete a sus padres a un boleta de calificaciones espantosa como agradecimiento a un interés excesivo por su rendimiento escolar, ejerciendo así la "tiranía desde la boleta de calificaciones". "¿Quieren un abanderado? pues bien, ¡les regalo el peor de la clase!".
Cuando los adultos no asumen su lugar desde una posición clara, firme y desde el amor responsable, los hijos comienzan a intentar distintos tipos de reclamos en pos de obtener lo que de sus padres necesitan. Cuando esto no resulta, y a partir de la combinación de distintos factores, el vínculo se desnaturaliza y la violencia se apodera de la escena: la violencia en manos de los hijos, el miedo del lado de los padres. Hijos tiranos, padres sometidos; pero hijos también sometidos a su propia tiranía que los toma de rehenes a ellos mismos. El juego del sinsentido, el juego del disparate, el juego de padres e hijos que pelean como perro y gato, olvidándose de quererse, de cuidarse, de ser padres, de ser hijos. Aquí estamos en presencia de padres que han sido hijos temerosos y que en el esfuerzo de que sus hijos no sufran sus propios padeceres se pasan al extremo de la híperpermisividad. Error. Los límites alivian. No son ni deben ser penitencias, castigos, revanchas, ni nada que se instrumente desde lo punitivo, son medidas de cuidado. La sobreprotección genera una dependencia y una modalidad de vínculo que a veces suele ser riesgosa.