El gobernante electo de acuerdo a las leyes vigentes, será siempre veraz y oportuno, y no tendrá necesidad de mendacidades, sofismas ni demagogia. Existen funcionarios que constantemente utilizan las falacias para convertirlas en verdades. Reflexionemos al analista religioso que proclamaba la verdad de los textos religiosos y, que eran los que utilizaban los papas de su época, el expresó: “si no es verdad, es bien inventada.” Por tales afirmaciones, La Santa Inquisición lo condenó a morir en la hoguera, tal personaje fue Giordano Bruno. Recordemos al ministro de propaganda del gobierno nazi: Josef Goebbels, su tarea esencial consistía en tener en sus manos la radio nacional y la prensa, para afirmar que el gobierno nazi era progresista, poderoso y fuerte. También, que sus hordas, militares eran las mejores del mundo y destruirían a lo peor, es decir, a los judíos y a los comunistas. “Repite una mentira mil veces, y la harás verdad”. Su aseveración era su arma principal. Los discursos de su amo, Adolfo Hitler, eran una sarta de amenazas y mentiras, y para él, sus evangelios. Pobres los que buscan la verdad, y defienden al embustero, al demagogo y al que los amenaza con arrebatarles lo más valioso que posee un ser humano: la libertad. Reflexionemos profundamente en la información, hace más de cien años, el manejo de la información se ha convertido en el eje de la sociedad. Todos sabemos que la información no puede ofrecer verdades absolutas. No es lo mismo el terreno de la información que el de la opinión. Los medios de comunicación tienen que distinguir entre dar información, para lo cual deben atenerse al máximo a la objetividad de los hechos, y ofrecer opiniones, que son personales, son interpretaciones y van firmadas. La opinión no tiene que ser creída con la misma certeza que se le da a la información objetiva. Recordemos al filósofo alemán Friedrich Nietzsche en su frase: “Lo que me preocupa no es que hayas mentido, sino que de ahora en adelante ya no podré creer en ti.” En ocasiones, por razones morales o jurídicas, debemos decir exactamente lo que sabemos o lo que creemos que es cierto y se ajusta a la realidad. Lo peligroso, en definitiva, es cuando la mentira causa graves perjuicios a los individuos o a la sociedad en general.