Camino Real I Charrismo sindical 2.0
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónEl sindicalismo mexicano es un elemento clave para comprender la historia política, económica y social de nuestro país. Así, el fenómeno del charrismo sindical ha jugado un papel central en la conformación de las estructuras laborales, y en la relación entre los trabajadores del Estado con el poder político. El título de este artículo hace referencia a una práctica desleal, en la que los dirigentes sindicales se convierten en aliados o subordinados del poder político —sacrificando los intereses de los trabajadores que dicen representar— a cambio de beneficios para sí mismos. Este fenómeno no es nuevo, y antes bien, fue inaugurado en los albores del nacionalismo mexicano de los años treinta. Ahora bien, es necesario reconocer que su influencia ha sido decisiva para moldear la relación entre los sindicatos, los trabajadores y el gobierno. Revisemos pues, un poco de sus antecedentes históricos.
El sindicalismo mexicano tiene sus raíces en la Revolución Mexicana de 1910 y en la creación de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) para 1918. Sin embargo, fue en las décadas de 1930 y 1940 cuando comenzó a consolidarse el charrismo sindical, tal y como lo conocemos hoy en día. Durante este período, el Partido Nacional Revolucionario (PNR), después llamado Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y finalmente, Partido Revolucionario Institucional (PRI), adoptó una estrategia de corporativización del voto popular, que incluyó un férreo control sobre los sindicatos, con la finalidad de mantener su hegemonía política. Así, la figura del “charro sindical” comenzó a ganar fuerza, con líderes sindicales que se convertían en actores clave dentro del sistema político, y que negociaban el apoyo de las bases a cambio de recibir favores gubernamentales.
Algunas de las figuras más representativas de esta época fueron Luis N. Morones, líder de la CROM, quien logró una alianza estrecha con el gobierno de Lázaro Cárdenas. Otro más, fue Vicente Lombardo Toledano, de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), quién en 1939 llegó a afirmar: “Cárdenas ha sido el presidente más típicamente anti-imperialista y anti-feudal”; y otras como “el pueblo necesita pan y hogares y esto es lo que este gobierno le está dando”, rematando siempre: ”no es patriota aquel que no es revolucionario”. Todo lo que se requiriese para que el presidente -y el partido oficial- supiesen que el sindicato estaba a sus pies.
El sindicalismo charro se consolidó aún más en las décadas de 1950 a 1980, con la estrecha relación entre los sindicatos y el poder hegemónico. Durante este tiempo, los líderes sindicales no solo mantuvieron sus acuerdos con el gobierno, sino que también actuaron como mediadores del malestar social, llegando al extremo de afirmar que no era “necesario un aumento de los salarios, sino antes bien, un control en el precio de los productos”.
Finalmente, la transición hacia el neoliberalismo en México durante la presidencia de Carlos Salinas de Gortari, en los años ochentas y noventas, significó un cambio radical en la política sindical del país. Así, el charrismo sindical contemporáneo, se manifestó en el caso de Elba Esther Gordillo, otrora líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Hasta su arresto en 2013, “la maestra” manejaba el sindicato como una suerte de reino privado, manipulando a los dirigentes estatales y utilizando su poder, con el fin de seguir obteniendo influencias políticas y recursos económicos.
Hoy, el segundo gobierno emanado de la llamada Cuarta Transformación —que fue en un principio la expresión pura y sincera del pueblo, anhelante de libertades— no ha tardado en copiar justamente los patrones que antes jurará destruir. Buscando controlar y afiliar a la base trabajadora del SNTE al partido oficial, ahora mismo, parece que el tiro les ha salido por la culata.