Análisismiércoles, 28 de febrero de 2024
De eso que llaman libertad
¿Y la libertad en Morena?
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¿Y la libertad en Morena?
El 14 de octubre de 1880, hace 143 años, se libró la batalla de Tres Castillos en el municipio de Coyame del Sotol, en Chihuahua. El combate, llevado a cabo por “la gente de razón”, fue encabezado por Joaquín Terrazas, a quien en la ciudad de Chihuahua se le erigió un monumento: «Al Héroe de Tres Castillos». Destaca en la fina cantera la leyenda: «Combatió siempre por la libertad y el progreso». Me pregunto: ¿y la libertad de los apaches?
Desafortunadamente, esa libertad que han defendido los grupos de poder en México no difiere de la que la oligarquía porfirista desplegó para aniquilar a la nación apache. No desconozco el daño que esa centenaria guerra causó a todos, pero, en el fondo, importaba más proteger una riqueza propia del desarrollo del capitalismo en manos de una minoría. Y esa ha sido la medida que, al paso de los años, se aplicó a todo movimiento que pusiera en peligro las ganancias de una oligarquía cada vez más enriquecida.
Por desgracia, el discurso opositor parece tener patente de corso sobre la palabra "libertad", usándola como si fuera una mercancía adquirida en el libre mercado, mientras quienes luchan por la continuidad, en no pocas ocasiones, enmudecen, reflejando que, poco a poco, se van quedando sin palabras. No sé si olvidan que esta libertad se convirtió en un grito de miles y miles que lucharon y murieron por ella.
En un mundo de mercado donde todo se compra, los países del capitalismo triunfante establecieron la libertad de sus ciudadanos y crearon lo que Andrés Caparrós llama “santuarios de libertades”: libertad de circulación, libertad de expresión, libertad de comercio, libertad de culto, libertad de prensa, libertad de empresa, libertad condicional, incluso aquella estatua emblemática. Y, la libertad de trabajar por salarios mezquinos en beneficio de algún patrón. Esto responde a la pregunta: ¿Quién se beneficia de esos santuarios liberales que liberan muy poco? Obviamente, quienes tienen la ventaja en este mundo de profundas desigualdades, permitiéndoles usar a los demás, comprar y vender según la ley del libre mercado.
Por ello, el grito angustioso de Madame Roland, “Libertad, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”, contempla la aniquilación de la nación apache y se volvió demasiado común y lleno de sentidos. Martín Caparrós señala con gran acierto: “… si no la recuperamos, si no la recargamos, seguiremos siendo lo que somos: pertinaces perdedores de palabras, un silencio más y más ruidoso, muditos de la mente”.