El gran viento
Me reuní con un amigo con quien compartí muchas luchas en nuestra juventud. Batallas que aspiraban a cambiar el mundo y acabar con la pobreza mediante la instauración del socialismo.
Llegué a su casa. Caía la tarde; el sol, sin haberse acostado aún, había desaparecido tras las casas. Ya no había luz directa ni indirecta. Optamos por platicar afuera, donde la opacidad lo invadía todo, como si la sombra traída del mundo hubiera devorado a Chihuahua.
Me despido y le digo: 'Gracias, Ramiro, por tu tiempo y tus palabras'.
'Gracias a ti', me dice. 'Solo una cosa. Yo tengo claro cuál es ese gran viento en el que debo confiar. Sin ánimos de debatir, ojalá tú lo encuentres'.
'Claro. Lo encontré a los 18 años, cuando dejé de creer'.















