Análisismiércoles, 27 de septiembre de 2023
Madera: 58 aniversario
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Los familiares de quienes cayeron en combate el 23 de septiembre de 1965 en Madera, Chihuahua, nos unimos con alegría a los festejos del 58° aniversario del ataque al cuartel militar, llevado a cabo por un grupo de guerrilleros entre los que se encontraban nuestros padres, hijos y hermanos.
Personalmente, he notado que el pueblo de Madera, año tras año, da mayor relevancia a este suceso, especialmente entre los sectores infantil y juvenil. Pude observar y sentir cómo la gente se sumó con entusiasmo al Conversatorio entre familiares de los guerrilleros, al acto celebrado frente a la estatua de Arturo Gámiz García en la entrada de la ciudad, y a la visita al panteón donde se llevó a cabo la 58ª conmemoración. Asimismo, la presentación de libros atrajo a muchos interesados en conocer en detalle los antecedentes, las causas, el desarrollo y las consecuencias de la guerrilla.
Distinguí que emerge un nuevo relato sobre los hechos, más allá de simplemente recordar una fecha. En los diversos actos, observé y escuché a los asistentes, quienes de manera libre y espontánea compartieron sus experiencias vividas el día del asalto al cuartel. Estas narraciones enriquecen una historia que, con el paso del tiempo, se conoce cada vez más en detalle. Y lo más destacado fue la genuinidad con la que lo hicieron: sin buscar protagonismo, ofrecieron un testimonio directo, cara a cara, permitiendo que sus coterráneos conocieran los hechos de primera mano, de aquellos que estuvieron cerca de los acontecimientos en esos días de septiembre de 1965.
Aunque estas participaciones pueden percibirse como simples anécdotas, en realidad reflejan una profunda conexión entre los participantes y la historia. Logran conectar con el pasado de manera fresca, auténtica y valerosa, sin enredarse en debates sobre si la historia debe ser considerada una ciencia social o una disciplina académica. Lo llevan a cabo a través de narraciones coherentes y ordenadas de eventos que consideran dignos de ser recordados, entrelazando historias personales o familiares en relación con los acontecimientos de Madera '65.
A partir de esta experiencia surgió la idea de la necesidad de documentar las numerosas historias relatadas por testigos que, en el momento del asalto al cuartel y sus consecuencias, tenían edades de 8, 12, 15, 20, 30 años o más. Hoy en día, son guardianes de una memoria colectiva que constituye un patrimonio para todos los maderenses y mexicanos. Y, ¿por qué no? Sería propicio organizar uno o varios conversatorios entre ellos en septiembre de 2024.
Estoy profundamente agradecido, especialmente a las autoridades municipales, por el espacio que se me brindó en este Conversatorio, en el cual, de manera libre, nosotros, los familiares, compartimos con los asistentes nuestras experiencias por tener un vínculo directo con los guerrilleros caídos. Entre las emociones compartidas, expresamos nuestros sufrimientos, respaldados por la conmovedora idea de que “La pena es pura y es sagrada”. Abordamos nuestro dolor sin caer en exageraciones ni moralismos vacíos. Aunque con cierta tristeza, buscamos ser genuinamente empáticos, respetando la sacralidad de la pena, es decir, el derecho inherente de cada persona a manejar y sobrellevar su sufrimiento de la mejor manera posible.