Tendría que ser demasiada nuestra indiferencia para que el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, no nos calara. Ya no es cuestión de política, es cuestión de humanidad. Está claro que México arde al ser una figura pública a quien le arrebataron la vida, pero todos los días se viven estas escenas atroces con decenas de víctimas y miles de espectadores y en verdad que duele, por el simple hecho de que le arrancaron a una madre a su hijo y le arrancaron a un hijo a su padre.
Michoacán está enardecido y exige justicia. Pero a alguien no le están gustando las formas, cuando, en momentos así, no hay otras. ¿Con estas acciones el pueblo no es sabio? ¿No es sabio cuando exigen justicia? ¿No es sabio cuando alzan la voz? ¿No es sabio cuando se manifiestan? En estos casos ya se convierte en tema de la oposición, merece toda descalificación, ya es cosa de politización y no vale la pena atenderse. Tienen un corazón congelado y una careta de hipocresía, desdeñando con cruel indolencia, para ni siquiera dar la cara y dar un posicionamiento, ya no referente al tema si su objetivo es evitar lo mediático, pero sí para fincar acciones a favor de la seguridad ciudadana, a lo largo y ancho del país, al ser un tema de competencia federal, pero de negación rotunda a colaborar.
Las condolencias por parte del gobierno michoacano y de la federación son la mayor de las ofensas y burlas. Que simple es decir “mi más sentido pésame”, cuando la indiferencia siempre estuvo de por medio. Aquí los protocolos y las formas salen sobrando. Los elementos de la guardia nacional que le acompañaban no debieron ni siquiera mencionarse, porque no nos alcanza elemento alguno para enfrentar la situación, no es su culpa, si no la falta de interés público por enfrentar el tema, más allá de actividades mensuales por la paz, que convoca la presidenta, de unas cuantas horas, en un día; la prevención sale cara e ineficiente cuando se arrebatan a diario tantas vidas y se es indiferente a ese dolor, un dolor colectivo que se respira en miedo. Es la manera más fácil de atender, pero lo más difícil para obtener resultados inmediatos, porque se privilegia más los votos a cambio de apoyos que la inversión real en seguridad pública, con los estados y municipios. Al final de cuentas, es dar la espalda, porque se desprecia el clamor general por la foto de un bonito momento.
¡Esto no es cosa de Calderón! Y si lo fue, ¿cómo esas declaraciones dejan tranquilo el corazón de una madre que perdió a su hijo? ¿Cómo le regresan a un hijo a su padre? ¿Cómo hacen que una viuda no lo sea más? Esas palabras, esas culpas, tarde o temprano desatarían una revolución antes que apoyo. Porque con una declaración oficial de esa magnitud, por parte de quienes tienen la obligación de atender, se opta por la omisión en lugar de la acción, jugándole aún al papel de la oposición en lugar de asumir el papel protagónico y ser responsables de lo que ocurre porque ya son gobierno.