Las creencias del pueblo y el gobierno
No existen creencias, por absurdas que parezcan, que no tengan decididos defensores, y así, entre más absurda la creencia, más fanática la defensa. Aquellas creencias más irracionales, normalmente son las más duraderas. Y si no, sólo observemos la secta obradorista.
Normalmente una creencia hace al hombre soberbio y vanidoso, pero esto es sólo aire. Si se lo quitamos, nada queda.
Cuando un gobernante cree que todo lo logra, lo que los ciudadanos resienten, se molestan que se pongan en duda sus decisiones.
















