La coordinadora de la fracción edilicia del PAN, Isela Martínez, expresó su respaldo a disminuir la cantidad de regidurías, al considerar que la carga de trabajo puede ser absorbida por un cuerpo edilicio más compacto
Buscan facilitar el proceso y dar más tiempo a ciudadanos para solucionar sus inquietudes y recibir asesorías; este proceso estará abierto del 18 de marzo al 30 de abril
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El primer informe de gobierno de Claudia Sheinbaum fue, como era de esperarse, un ejercicio de autopromoción gubernamental. Entre cifras optimistas sobre reducción de la pobreza y promesas de continuidad transformadora, la presidenta construyó una narrativa cuidadosamente curada. Sin embargo, lo más revelador de su discurso no fue lo que dijo, sino lo que decidió omitir.
La crisis de inversión privada, por ejemplo, apenas mereció una mención superficial. Mientras Sheinbaum hablaba de estabilidad económica, convenientemente ignoró que México perdió más de 405 mil empleos entre noviembre y diciembre de 2024, la peor caída en 28 años según registros del IMSS. La falta de certidumbre jurídica y las tensiones con el sector privado no aparecieron en su diagnóstico, como si la economía funcionara en piloto automático.
Igual de preocupante fue su tratamiento superficial del problema migratorio. En un contexto donde Trump amenaza con aranceles y deportaciones masivas, Sheinbaum se limitó a menciones protocolarias sobre soberanía, evitando abordar la realidad: México no está preparado para recibir millones de deportados ni tiene una estrategia clara para manejar los flujos migratorios que inevitablemente aumentarán.
El tema de feminicidios y violencia de género también quedó relegado a estadísticas generales de seguridad. Para una presidenta que llegó con el discurso de ser “la primera mujer”, es inaceptable que no haya presentado una estrategia específica para atender una crisis que cobra vidas diariamente. Las mujeres mexicanas merecían más que números maquillados.
Pero quizás lo más grave fue la ausencia total de autocrítica. Sheinbaum presentó un país en el que todo marcha bien, donde los únicos problemas son herencias del pasado y las únicas soluciones vienen de la continuidad morenista. Esta visión maniquea no solo es falsa, sino peligrosa para la democracia. Un gobierno que no reconoce sus errores es un gobierno que no puede corregirlos.
La realidad es que México enfrenta desafíos complejos que requieren más que discursos triunfalistas. La caída en la inversión privada, el deterioro de las relaciones con Estados Unidos, la crisis de seguridad que no cede y la polarización social son problemas reales que no desaparecen por ignorarlos en un informe.
Su primer informe fue una oportunidad perdida para mostrar liderazgo real: reconocer dificultades, proponer soluciones concretas y tender puentes. En lugar de eso, optó por la propaganda. México necesita presidentes que hablen con la verdad, no vendedores de ilusiones. Al tiempo.