La palabra melancolía proviene del griego antiguo, combinando las palabras μέλας (melas), que significa “negro”, y χολή (kholé), que significa “bilis”, es decir, “bilis negra” o “humor negro”, recordemos que, según Hipócrates, los humores eran cuatro: sangre, pituita o flema, bilis amarilla y bilis negra; siendo esta última la relacionada en la antigüedad con la melancolía, la tristeza y la depresión. De acuerdo con el Diccionario de música, mitología, magia y religión de Ramón Andrés, la melancolía se define como una afección moral, semejante a una tristeza profunda y demorada, de igual forma, según Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la Lengua ésta se define como una “pasión muy ordinaria, donde hay poco contento y gusto”. La melancolía, entonces, se definía en la antigüedad como un desorden de los humores en el cuerpo humano.
La melancolía esta presente en la vida y en el arte, desde la Casa Usher descrita en el relato de Edgar Allan Poe: “al acercarse las sombras de la noche, me encontré a la vista de la melancólica Casa Usher. No sé cómo fue, pero a la primera mirada que eché al edificio invadió mi espíritu un sentimiento de insoportable tristeza”, hasta álbumes musicales completos dedicados al tema, como el Mellon Collie and the Infinite Sadness de The Smashing Pumpkins, el Saudade de Thievery Corporation o básicamente cualquier canción o pensamiento de Leonardo Favio; dejando claro que no siempre, como decía Robert Burton en su The Anatomy of Melancholy, la música “es un remedio soberano contra la desesperanza y la melancolía, que alejará al mismo demonio”.
En estas fechas decembrinas, sobre todo cuando tenemos una conciencia más alerta ante lo que pasa en el mundo, es común que nos invada la melancolía ante la urgencia de pasar una navidad parecida a un comercial de Coca Cola, el estrés de tener que comprar algo para demostrar que queremos a quien queremos, la necesidad de mandar y recibir mensajes de texto a todos nuestros amigos y familiares, subir comentarios en redes sociales felicitando a todo mundo y sobre todo, ante ese sesgo de retrospección idílica que comúnmente se traduce en la frase “Todo tiempo pasado fue mejor” (que por cierto, encuentra su antídoto en Eclesiastés 7:10).
Llámese depresión blanca, depresión navideña, o incluso el “síndrome de Grinch”, es importante hacer hincapié en la salud mental y poder identificar en nosotros mismos y en las demás personas, síntomas de algo más que la mera melancolía. La navidad y el año nuevo nos traen reflexiones sobre la vida y la muerte; sobre quiénes ya no están con nosotros y sobre nuestro porvenir; ¡Viva la muerte! Gritaba José Millán-Astray durante la Guerra Civil Española, mientras Frida Kahlo se despedía años después con su último cuadro titulado Viva la vida, yo te deseo, a ti que me lees, que en estos días y siempre, tengas paz mental, amor (eros, philia, storge, ágape, ludus, etc.) y que tu mantra sea siempre el de Kahlo.