Margorie (Parte I)
Margorie (Parte I)
Alberto Serrato
–Sácame de esta tumba, Margorie. Tengo frío, no me dejes aquí, maldita perra. Sácame y enmienda tu error. No me dejaste entrar a casa y por tu culpa me estoy congelando aquí abajo, perra. Ven, ven y sácame de aquí, nena.
–No fue mi culpa, Atila, creí que estabas a salvo en el garaje. Jamás te hubiese dejado a propósito en medio de la tormenta.
–Ocho años bastaron para que dejara de importarte nuestra amistad. Ahora disfrazas tu crimen con esa hipocresía. Lo sabes muy bien, querías deshacerte de mí, maldita perra, y lo lograste. ¿Estás feliz?
–Nadie pudo haberlo robado –dijo su madre–, es un perro viejo y nadie quiere un perro viejo en casa. Es mejor que guardemos la calma y esperemos su regreso.
–¿Lo dices tan fácil, mamá? Era mi mejor amigo, no puedes expresarte con tanta tranquilidad.
–Hija, no lo tomes a mal, pero no podemos detener la vida. Estoy de acuerdo en que debemos tener empatía con nuestras mascotas, pero debes relajarte un poco.
–Bianca, no debemos ser tan duros con Margorie, Atila era todo para ella y prometo en esta mesa por la memoria del abuelo que lo vamos a encontrar. Todo estará bien, cariño. ¿De acuerdo?
Margorie dibujó una sonrisa un poco más honesta y comió el desayuno con la cabeza inclinada mirando el plato e imaginando el rostro de Atila, el de la pesadilla, lanzando una horrible sonrisa llena de rabia y, claro, exigiendo su regreso al dulce hogar.
–Ya sabes dónde estoy, Margo. Ven por mí. Ya lo sabes, él me tiene aquí. Olson me tiene encerrado, nena. Ven, ven, ven.
Margorie se perdió en la inconsciencia mientras escuchaba la voz. Esa fue la última noche que durmió en su alcoba.
–No tardes, pequeña, no es tan bueno que andes por ahí en el hielo; además, la temperatura de hoy será más baja que ayer.
–No te preocupes, papá, sabes lo mucho que amo el frío.
Cubrió su boca con la bufanda mientras observaba los gestos de desaprobación de su madre. Abrió la puerta y salió antes de ser detenida por portar falda en pleno invierno.
–Adelante, pequeña Margo, este caballero la ha estado esperando durante varios días. No sé el porqué de su tardanza, pero agradezco que se haya tomado el tiempo de venir.
Próxima semana parte 2




























