La séptima vida de un gato
La séptima vida de un gato
Alberto Serrato
Los gatos tienen siete vidas, ellos vienen, van, abren portales, los cierran, protegen, ven entidades y espíritus invisibles para el ojo humano, pero según las creencias, esas siete vidas felinas se agotan y cuando solo queda la última, ellos están dispuestos a entregarla si su amigo el humano se encuentra en peligro.
La noche de verano se antojaba calurosa en el pueblo norte. La temperatura ascendía a los 36 grados centígrados y todas las casas a excepción de las climatizadas, buscaban dejar ventanas abiertas, balcones, puertas y todo lo posible para evitar la onda de calor y las pieles sudorosas bajo las sábanas.
–Cariño, estoy aquí. No he muerto, abre la puerta. –Dijo una voz difusa e idéntica a la de su fallecido esposo.
–Heber, ¿eres tú? –Dijo la señora Gandar en medio de algo parecido a la confusión.
–Si amor, he vuelto, no puedo estar sin ti, allá abajó en ese féretro, todo es oscuro, por fin pude llegar a casa. –La mujer analizó las palabras de esa entidad, por un instante los anhelos y nostalgia la cobijaron, pero su parte racional, le hizo darse cuenta de que eso no era Heber.
–Eso no es posible Heber, regresa por favor a tu descanso, no te corresponde estar de nuevo aquí.
–Ábreme la puerta amor, ya estoy muy cerca de ti, vamos a dormir juntos.
–Por favor márchate, sé que no eres Heber, jamás lo harías de esa forma.
–Maldita perra, ábreme la puerta, ¿no te basta que por tu culpa morí?, todo por ir a pagar tus estúpidas cuentas, ábreme ya perra.
–Vete de aquí, tú no eres mi esposo. Él descansa en un lugar mejor, vete por favor.
Luca, fuiste especial para un buen amigo.



























