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Existen cuentos de todo tipo y para toda suerte de lector. Hay cuentos de terror, de hadas, de misterio... Por esa razón, un listado de mejores cuentos puede resultar siempre caprichoso según los intereses y el gusto de cada uno. Para mí, los mejores cuentos son los de carácter filosófico, es decir, aquellos que son reveladores de una verdad sobre la existencia humana. A continuación, ofrezco un listado de 10 cuentos que, en ese sentido y en mi opinión, son auténticas obras de arte.
La niña de los fósforos es obra del célebre escritor danés Hans Christian Andersen (1805-1875), sin duda un autor clásico del género. Este cuento, que destaca por su brevedad y contundencia, trata de una niña pobre que se dedica a vender fósforos en la calle durante un invierno bajo la nieve. Es un texto conmovedor que nos confronta con emociones y realidades humanas tales como la compasión, la miseria y la tristeza. Dejará a más de un lector con el corazón estrujado.
En El relámpago, del escritor italiano Italo Calvino (1923-1985), un hombre camina por las calles de una ciudad y, de repente, todo deja de tener sentido. Recibe, de golpe, un instante de iluminación: fugazmente tiene una toma de consciencia de su propia existencia. Ante ello, ante la vida, ante la existencia, cómo no habrán de perder sentido tantas cosas. ¿Qué importancia tienen tantas insignificancias de la vida cotidiana frente a sentir el minúsculo gajo de eternidad que es nuestra propia existencia? Sin embargo, esta revelación, como un relámpago, llega y se escapa, se esfuma, ilumina y ciega, sin que el personaje del cuento termine de comprender aquello que sintió.
El escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), genio de la literatura en lengua española, aborda en este breve texto –de menos de media página– el desdoblamiento de la personalidad. Yo, desde la adolescencia (desde que tengo consciencia reflexiva de mí mismo), siento una extrañeza al mirarme en un espejo. Ese soy yo… no, no soy yo, pero sí soy yo, qué raro, carajo. Cada uno de nosotros alberga a varios yo. Incluso ocultamos, a veces o casi siempre, un yo que quisiéramos que nadie descubriese. Ahí está la extraordinaria y brevísima novela ‘Dr. Jekyll y Mr. Hyde’ del escritor escocés Robert Louis Stevenson. A veces, tengo una dificultad para aceptar que ese, a quien la gente llama por mi nombre, soy yo. En este cuento, Borges habla de Borges como si fuera un personaje que le ha robado su identidad.
El escritor francés Guy de Maupassant (1850-1893) es otro titán del género cuentístico. En Adiós, un hombre entrado en años se topa, en un tren, con una mujer –viejo amor suyo–. Al principio, no solo no la reconoce, sino que le parece, con sorpresa algo desdeñosa, una madre-gallina. Cruel y tristemente no encuentra en ella nada de aquella bella joven que fue. El hombre, al llegar a casa, se observa en el espejo y le sobreviene una revelación que lo aplasta como un tren. Creo que hasta el lector más joven sentirá algo gracias a estos personajes: la aflicción por la vejez y el irrecuperable paso del tiempo.
Conforme han pasado los años, me parece que el ruso Antón Chéjov (1860-1904) se ha convertido en mi cuentista favorito. De él, suele decirse que en sus historias no pasa aparentemente nada: que si algo ocurre, ocurre casi siempre solo al interior de los personajes. Aunque este cuento sería una excepción. En Un asesinato, una niña llamada Varka trabaja cuidando a un bebé con una familia que no es la suya. Chéjov es un maestro retratando la miseria, la tristeza y la pobreza. Varka es una víctima, explotada y abusada, pero con cierta inocencia se convierte en victimaria. Chéjov deja al lector conmovido y, a la vez, horrorizado.
Ahora pasamos a un registro completamente diferente, con el divertidísimo escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia (1928-1983). La mujer que no retrata una anécdota amorosa de un seductor que es, al mismo tiempo, un pícaro y un cínico. Si un héroe es aquel personaje que restablece el orden y la justicia, el pícaro va a contracorriente violando normas sociales. Jorge, el personaje de este cuento, arranca una sonrisa a los lectores por los giros de su historia. Al bribón, que hace cosas que no debe, no siempre le salen sus bribonerías y, sin embargo, sabe reírse de sí mismo. En este caso, comparto el link del cuento, no escrito, sino en audio, leído por otro gran escritor, Jorge. F. Hernández, de una forma estupendamente jocosa.
Olenka es una mujer sin carácter ni personalidad propia que hace suya la vida de los otros, adopta los intereses e imita las pláticas de con quienes convive. La vida gris de esta mujer es, sin embargo, canalizada finalmente en un nuevo propósito que resignifica su existencia: una vida consagrada a amar. Quizás Olenka sea un poco tonta, pero la mayoría de nosotros también somos tontos y, además, somos malos y amamos muy mal. Es un cuento triste y conmovedor.
Como si Borges hubiera anticipado a través de la literatura las teorías más recientes de la astrofísica, La biblioteca de Babel no es solo una alegoría del universo, sino de un espacio tan vasto que alojaría una infinidad de universos paralelos. Este cuento describe la existencia de una biblioteca con pisos infinitos y pasillos tan extensos que son eternos, y que le permiten contar literalmente con un sinfín de libros. Las combinaciones infinitas de las 26 letras del alfabeto, en un número interminable de libros, hacen posible albergar todos los mundos posibles, incluyendo aquellos que contienen lo que pudo ser y no fue. En un libro, se nos retrata a ti y a mí, tú leyendo y yo escribiendo. En otro, yo tengo una gallina en la cabeza. En otro, lees esto solo con el celular en tus manos; en otro, tienes en una mano el celular y, en la otra, una taza roja; en otro libro, la taza es amarilla. En otro libro más, se refuta que yo haya escrito esto y que tú hayas existido. El alfabeto, los libros y la literatura, en sus innumerables combinaciones, como metáfora del universo. Universos paralelos. Infinitos universos paralelos donde todas las versiones posibles existen.
Es un brevísimo texto, bastante siniestro, contado en primera persona que sigue el hilo de pensamiento –confuso y caótico– del personaje que lo relata, cuyas razones, de su extraño comportamiento, se van desvelando conforme se avanza en la lectura. Macario forma parte del libro de cuentos El llano en llamas del clásico mexicano Juan Rulfo (1917-1986).
Una vez más: Borges. En este cuento, un hombre descubre un extraordinario y enigmático objeto en el sótano de una casa. El objeto es esférico y cuando se posa la mirada en él, permite al ser humano observar todo el universo, de un solo golpe, simultáneamente. Borges, de nueva cuenta, nos deleita con historias que, al estar al límite de lo imaginable, fascinan y confunden a los lectores con un deslumbrante exceso de luz. Es una idea que Borges no solo logra concebir, sino que la plasma de forma maestra por escrito, y que, al estar escrito, por definición es un lenguaje sucesivo, mientras que la realidad es imbricada y simultánea. Tan solo de pensarlo, siento extrañeza: poder ver todo el universo, el universo pasado, presente y futuro, verlo todo simultáneamente, a través de un pequeño objeto. Creo que uno quedaría pasmado. Y a su vez, Borges, con este cuento, como si fuese un artefacto o un juego, se divierte depositando la realidad entera en él. ¿Acaso hay cuentos más filosóficos que los de Borges? ¿Que ofrezcan una probada y un recordatorio de la existencia, del universo? ¿De nuestra porción o, como dije antes, de nuestro gajo de eternidad, ese gajo que llamamos nuestra existencia, tan breve, tan fugaz; esa eternidad que llamamos universo?