Guillermo del Toro plasma en Frankenstein instantes donde la naturaleza y humanidad conviven en armonía, y ha sido en lo extraño, lo negado, donde esa chispa deslumbra en su pequeñez, como en los pueblos originarios.
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Muchos años tiene Guillermo del Toro consolidado en el plano internacional como cineasta de primera línea; su innovación principal consiste en extraer la belleza de la fealdad. En su reciente película se puede apreciar con mayor nitidez esta inclinación por lo “raro”, encuentra en lo monstruoso el escenario perfecto para mostrar otra faceta de la humanidad.
La película de Frankenstein está basada en la novela gótica del mismo nombre escrita por la autora inglesa Mary Shelley, goza de una serie de adaptaciones cinematográficas entre la que destaca la realizada por el mexicano.
Uno de los ejes centrales de la película es el trabajo científico, los aportes de la investigación científica a la sociedad, en ese sentido, los experimentos de Víctor Frankenstein son considerados como un atentado contra la creación divina del mundo, un insulto el compararse o intentar ser como Dios.
Desde la percepción social, aquí Shelley se mofa de los prejuicios de su época, Víctor Frankenstein “desafió a los dioses” al darle vida a su criatura hecha con despojos de muertos. Una vez consumado su objetivo, viendo las dificultades que le acarreaba, intentó dar marcha atrás, su monstruo tenía la capacidad de reconstruirse, negándosele la muerte.
¿Pretendía Víctor Frankenstein equipararse a Dios, o sólo descubrir los misterios de la creación? En la película se dibuja al científico (y condenando al sujeto lo hace también con su labor) como una persona enfermiza; su obsesión por construir vida le llevó a rechazar su imperfecta creación.
¿Quién es el monstruo, el científico o la creación científica? El entorno de la película apunta que el monstruo no es la deformación del hijo del creador, sino el creador mismo, el científico Víctor Frankenstein.
La película cuestiona el tema de la creación del mundo; Frankenstein es una metáfora de la concepción divina, no olvidemos que fue concebida como una novela de ficción: Dios como creador de monstruos a los que después abandona. El abandono de Dios a la humanidad es el abandono de Víctor Frankenstein a su criatura, ¿es la desobediencia el motivo?
Otro matiz que destaca es la exclusión del diferente. Si la criatura fue hecha con despojos, su origen contra el curso de la naturaleza delataba su ser, después fue adquiriendo los elementos de la humanidad para desenvolverse socialmente como el lenguaje y las emociones, sin embargo, por su aspecto físico no fue aceptado, salvo por los ciegos, quienes miraban su bondadoso corazón.
Del monstruo tenían conocimiento Víctor y familiares, mismos que padecieron las consecuencias de “los nocivos” experimentos de Frankenstein. Una vez que abrió los ojos, el monstruo pasó por un proceso natural de vida; comienza a explorar el mundo, realiza gestos indicativos, hasta que adquiere el lenguaje.
Lo que espanta del monstruo es su apariencia, los ensambles de distintos cuerpos. Desde el enfoque de la película la criatura no nació con el alma dotada de maldad, fue el mundo con sus desprecios y castigos quien lo convirtió en un ser terrible.
Del Toro invierte los papeles; la monstruosidad no se manifiesta en el aspecto físico, sino en la vida interna de las personas, de ahí extrae su propuesta estética. El alma de su monstruo reaccionaba con violencia cuando intentaban dañarlo, se defendía de la violencia de los otros monstruos, los que gozan matando; los humanos.
Siendo por fuera una deformación física en toda la extensión de la palabra, Guillermo del Toro hizo de la criatura una imagen exageradamente estilizada,cercano al galán de Hollywood (con su roído gaban). El héroe pasó de la ingenuidad de un niño al ruin desenvolvimiento del criminal; quizá el cineasta trata de decirnos que ese es el mecanismo de la vida en la sociedad moderna; una guerra donde unos se devoran a otros.
En esa perspectiva se puede caer en el error de considerar a la sociedad como un conglomerado de criminales, y quien se aísla de ella lleva la semilla de la misericordia; ni una ni otra cosa, en la sociedad moderna hay seres excepcionales, en la trama lo representan el anciano de la aldea que lo llamó amigo, siendo buen anfitrión.
Lo más potente de Frankenstein reside en sus frases filosóficas y diálogos existenciales, contienen una reflexión crítica de la vida donde la poesía le da un colorido de esperanza y belleza, y no es casual, la novela fue escrita por una mujer en un contexto donde el predominio lo tenían los varones, y, como Laurence Sterne, fue una forma de ridiculizar la sociedad de su tiempo.
Lo monstruoso del mundo es la metáfora indicando que aquello que rechazamos puede ser la respuesta para que la humanidad se encuentre consigo misma; reorientar su camino. Si la belleza física, el amasamiento de fortuna y la fama son elementos que definen el éxito en la sociedad; el respeto a las culturas constituye la sobrevivencia del humano como colectivo.
La estética de la fealdad, la propuesta gótica donde la oscuridad pretende salir a la luz, abrirse paso con el gabán roído en pleno día; es una de las metáforas principales de la película, que aquello que parece monstruoso (diferente) tienen en sí mismo su destello de belleza, tal es el caso del Frankenstein de Guillermo del Toro.