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Hace unos días leía en este diario se publicaron una serie de entrevistas y análisis con directores de instituciones bancarias, previo a la Convención Bancaria que dio inicio el día de ayer. Dicho reportaje llevó como título “En los zapatos de los banqueros” para conocer su faceta diaria fuera del trabajo, pero sin hacer de lado, el que “la banca está lista para apoyar el crecimiento económico y que enfrentan retos, incluyendo la interacción con el gobierno”.
Pero esta singularidad, nos lleva al ámbito político-económico, sobre todo al conocer el denominado Plan B de la reforma electoral, que va guiado bajo los principios de la “austeridad republicana” y “reducción de privilegios” para que las elecciones en el futuro (2027 y 2030) sean menos costosas.
En repetidas ocasiones se ha señalado que, si son miles de millones de pesos en la manutención de órganos regulares y sostén de los partidos políticos, es por la sencilla razón que no existe confianza en los procesos electorales, por los propios partidos; y, que cada vez que existe una reforma electoral, las cosas no cambian; persiste el incremento presupuestal.
Para este año a los partidos se destinan más de siete mil millones de pesos y para el INE un poco más de catorce mil millones de pesos; es decir, hablamos de más de veintiún mil millones de pesos, cuando sólo habrá una elección local intermedia en Coahuila. A cambio de lo mencionado, la nueva iniciativa sólo recorta prestaciones en Congresos locales, organismos electorales, legisladores y hasta síndicos, magistrados electorales, etc.
El objetivo principal es reducir el gasto, como un eje del llamado Plan B, pero la historia electoral nos muestra que los partidos políticos, no le entran a bajarse recursos, ha existido una resistencia o mediante argucias, como ocurrió en 2007, cuando acceden a los tiempos de estado de forma gratuita y según lo que gastaban en comprar espacios, se destinaría a construir escuelas; lo que fue mentira y mantuvieron su chequera igual.
No es posible que, a lo largo de cinco décadas, se siga discutiendo lo mismo, sobre el gasto de los recursos públicos en elecciones; cuando los banqueros se reúnen y buscan impulsar la economía, en los zapatos del poder sólo cabe la egolatría y el dispendio, ni austeridad ni eliminación de privilegios.