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Análisisviernes, 21 de junio de 2024

Hojas de papel | Vivaldi, que es verano

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“Primavera, la espera; verano, la mano; otoño, el retoño; el invierno: un infierno: eso es el amor ¡Si señor!”

Era una tonada a modo de chachachá que sonaba en los cincuenta, para hacer halago de las estaciones del año, entre las que no podía faltar el verano, como tiempo de alegría y en el que la naturaleza parece volverse pródiga, luminosa, soleada, lluviosa y propicia al descanso, a la holgura, al cambio de rutina y al agua del mar, con sus pescaditos.

En todo caso verano es la estación del año del calor suave y de la esperanza, porque se consolidan las lluvias, porque bañan al mundo con sus aguas frescas y propicia vida y alimento: el agua, dicho ya, es el elemento indispensable para la vida del ser humano.

Esto es, el verano es propicio para el romance, para el amor, para el calor sensual, para las miradas de borrego a medio morir: para la cachondez, digo.

A lo largo de la historia, la visión que se ha tenido del verano siempre es plácida y alegre, con intensidades y colores que tienen que ver con la lluvia y su frescura y alivio…

Pero sobre todo hay una expresión musical que pone al verano en el eje central de un mundo lleno de contrastes pero al mismo tiempo lleno de vitalidad, de emoción, de alegría o tristeza. Es la obra de uno de los grandes músicos en la historia del arte universal.

Ya se sabe que la música, toda, está hecha de emociones; está compuesta con base a las sensaciones personales del autor, de sus vivencias, sus pasiones y sus intimidades más profundas. Algunos de ellos hacen que todo su acervo cultural valioso se sublime y se convierta en atemporal, o clásica, como se dice.

Él es un compositor de estilo barroco que nos impulsa a penetrar en su música o, mejor dicho, es un autor que hace que su música penetre en nuestras propias emociones, en nuestra conciencia, y en la grandiosidad de nuestras pasiones más emotivas, a modo barroco, sí.

(La música barroca o música del Barroco es el estilo musical europeo de la época. Abarca desde el nacimiento de la ópera por ahí der 1600 hasta la muerte de Johann Sebastian Bach, en 1750.

… Y, por supuesto, Antonio Vivaldi, un compositor quien, como sin proponérselo, compuso una de las obras más queridas del repertorio musical en la historia del ser humano: “Las cuatro estaciones”.

Es frecuente escuchar por aquí o por allá, cuando se escucha aquella melodía que semeja la lluvia: “Son las cuatro estaciones, de Vivaldi”. Y lo dicen aun aquellos que no han incursionado en la hondura y grandiosidad de la música sinfónica o de cámara…

La compuso en 1723. Y en su época fue una obra muy reconocida, muy valorada y de gran éxito. No obstante el autor había compuesto ya una vasta obra musical que lo hacía ser muy querido entre los amantes de la música sinfónica.

A lo largo de su vida, compuso unas setecientas setenta obras, entre las cuales hay más de cuatrocientos conciertos, para flauta, violín, y una variedad de otros instrumentos musicales, y cerca de cuarenta y seis óperas. Una de ellas fue sobre tema mexicano: “Motezuma” (por Moctezuma).

Nació en Venecia el 4 de marzo de 1678. Su padre fue un violinista de renombre. Antonio fue el hijo mayor de seis hermanos y aprendió el violín de su padre. Estudió para ser sacerdote católico desde 1693 y se ordenó en 1703. Le decían “El cura rojo” porque era pelirrojo.

En 1725, Vivaldi se hizo novio de Anna Giraud (conocida como Girò), una de sus alumnas de canto. Esto ocurrió a pesar de ser todavía un sacerdote. No le importó. Partes de sus óperas las compuso pensando en ella pero, y esto habría de ocurrir, en 1737 fue seriamente llamado a cuentas por la Iglesia debido a su conducta.

Y lo dicho: el artista tenía lo suyo. Era evidente que tenía una enorme arrogancia y egotismo, se suponía extremadamente inteligente y pasaba a la soberbia, lo que le granjeó muchos enemigos. En una investigación histórica de Wade-Matthews, se establece que era asimismo vanidoso y engreído. Una lata, pues. No importa.

Y todo esto es porque ya está aquí el verano. Y con éste las lluvias –ojalá-. Y los campos se pondrán más verdes, habrá más floresta, el sol estará a plenitud y habrá luz que ilumina la vida, habrá comida y maíz y trigo y ganas de estar bajo la lluvia con quien más se quiere… porque, eso:

“Primavera, la espera; verano, la mano; otoño, el retoño; el invierno: un infierno: eso es el amor ¡Si señor!”

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