Sobre el Estanquillo (y no sobre el museo)
Al entrar, los tiempos se han hecho uno solo en lo que, probablemente, es un accidente, pero, a mi, lo es todo. Un edificio viejo, de esos tiempos porfirianos, al que ahuecaron de sus muebles y muros
José Luis Sabau
Cuando hablo del Museo del Estanquillo, me enfoco en lo segundo y no en lo primero. En el Estanquillo como edificio, no como museo.
De las colecciones que alberga y exposiciones temporales, me abstengo. En gustos se rompen géneros; el arte es subjetivo. Escójase la explicación favorita para evitar la controversia. No veo por qué pelearme ni hacerme de artistas enemigos.
Noto que ya no hay por donde ver a la calle. Las ventanas están cubiertas por esos muros delicados aunque, no tanto como para cubrir su final curvado. Las veo más, confieso, que a los cuadros. Sobrevive, sin que se quiera, el pasado.
Hay, todavía, una biblioteca que veo de pasada, tan solo y una urna donde, entiendo, guardan los restos de Carlos Monsivais junto a sus colecciones. Están preparando otra exhibición, así que el piso está cerrado. Subo, entonces, a la terraza. La modernidad en triunfo.
No recuerdo ya las pinturas. Tampoco las placas o anuncios. Si había un tema a lo que vi, lo ignoro. Del museo, como dije, sé muy poco.
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