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En la lucha por el derecho a la universalidad de la educación, nuestro país ha avanzado a pasos agigantados respecto a naciones con niveles de ingreso semejantes. Una de las principales particularidades del sistema de educación pública es la autonomía universitaria, dispuesta en el artículo 3° fracción VII de la Constitución de México, que permite que, de manera interna, la comunidad estudiantil y docente pueda organizarse libremente para elegir a sus autoridades, conformar su plan curricular y administrar su presupuesto.
En Puebla, al igual que en otras entidades federativas, la universidad pública ha intentado ser capturada institucionalmente —véase el caso de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH)—; sin embargo, la comunidad universitaria históricamente ha sido resistente y férrea defensora de la autonomía y de las causas sensibles de la sociedad. Por ello, conviene pensar en una reforma universitaria que pluralice y matice el sistema electoral interno caracterizado por su voto sectorial, o mejor conocido como ponderado.
Actualmente, en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) se elige por voto sectorial o ponderado a la persona que encabezará la rectoría, así como a los directores de las unidades académicas. Cada sector de la comunidad —académicos, estudiantes y personal no académico— tiene asignado un número fijo de votos. Los sufragios que cada maestro, estudiante o administrativo emite se agrupan por sector y se traducen en un peso específico que se suma hasta que alguna candidatura obtiene la mayoría de los votos sectoriales.
En este esquema tienen un peso mayor los académicos y los administrativos que los estudiantes, pues se considera que constituyen la base fija y permanente de la universidad, mientras que la comunidad estudiantil es transitoria. No se trata de demeritar cualitativamente el valor de los estudiantes, sino de reconocer que el peso de cada sector está determinado por su relación individual y colectiva con la vida institucional universitaria.
No obstante, el sistema de voto ponderado universitario, aunque reconoce el valor de la base fija, subrepresenta a la comunidad estudiantil, lo que genera un efecto de descontento y animadversión entre las y los estudiantes. Esta asimetría, en contextos de tensión, puede detonar conflictos estudiantiles que deriven en paros o movimientos universitarios más amplios.
En este sentido, es importante abrir una discusión sobre una reforma política que asigne mayor peso al sector estudiantil, que es numéricamente mayoritario, para vincular de manera más eficiente la representatividad de la rectoría con toda la comunidad universitaria. Es fundamental reconocer la trayectoria y estabilidad laboral de la planta docente y administrativa, pero también el dinamismo, la pluralidad y la fuerza transformadora del estudiantado en la BUAP.