El placer de comer | EL RINCÓN DE ZALACAÍN
Paulatinamente los mercados de la ciudad de Puebla empiezan a llenarse de “Chiles del Tiempo”
JESÚS MANUEL HERNÁNDEZ
En sus escritos Cristóbal Colón narra uno de los máximos peligros vividos a la altura de las islas Azores, el 14 de febrero de 1493 hace un voto si logran él y su tripulación salir con vida.
Y así, los herederos de los chiles de la cueva de Coxcatlán, Tehuacán, hoy Puebla, asentados unos 6 mil 500 años antes de Cristo, arribaron a la península rodeados de misterio, sabor picante y color admirable, el rojo, debido al estado de madurez del chile.
En Hungría el pimiento es puesto a secar en el sol y después se pulveriza con lo cual surge otra forma de consumirlo con el nombre de “paprika”. El Continente Africano se puso a los pies del chile mesoamericano, incluso en Madagascar.
Algunos investigadores, como Janet Long han reconocido la presencia del chile mesoamericano a finales del siglo XVI en España, Francia, Inglaterra, Italia, especialmente en Toscana, Moravia y Portugal.
Los europeos y el resto de las naciones contagiadas por el arribo del chile mesoamericano descubrieron las bondades del producto, olvidaron su clasificación como planta venenosa y se dejaron encantar y seducir por su sabor, su color y su textura.
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