Opinión / La última hora
Para justificar este comportamiento inverosímil, oí una vez que un predicador decía desde el ambón, con el tono de quien intenta disculpar a Dios ante su auditorio por su comportamiento tan poco correcto:
-Hermanos, no nos indignemos también nosotros contra el Señor; pensemos, más bien, que los obreros de la tarde trabajaron a todo vapor y aventajaron a los primeros en la realización de la tarea, de modo que al final del día se ganaron justamente el denario prometido.
Se trata, en efecto, de una interpretación piadosa y relajante, pero el problema es que la parábola no dice nada de esto.













