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Análisisdomingo, 11 de enero de 2026

Opinión / La última hora

Para justificar este comportamiento inverosímil, oí una vez que un predicador decía desde el ambón, con el tono de quien intenta disculpar a Dios ante su auditorio por su comportamiento tan poco correcto:

-Hermanos, no nos indignemos también nosotros contra el Señor; pensemos, más bien, que los obreros de la tarde trabajaron a todo vapor y aventajaron a los primeros en la realización de la tarea, de modo que al final del día se ganaron justamente el denario prometido.

Se trata, en efecto, de una interpretación piadosa y relajante, pero el problema es que la parábola no dice nada de esto.

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