Opinión / Miedo a la muerte
¿Hay un momento en la vida en el que se pierda, por fin, el miedo a la muerte? Sí lo hay. Yo dejé de temerla el día en que murió mi padre. Desde entonces me da lo mismo morir que vivir.
¿Exagero? ¡De ningún modo!
Cuanta el famoso jesuita español –que además fue diputado ante el Congreso de los Estados Unidos por el estado de Alaska- que un día, yendo de un pueblo a otro montado en un trineo, recibió la noticia de la muerte se su madre.
“Por eso, cuando o salí con la cantinela de irme al noviciado de los jesuitas, mi madre replicaba:
“-No, no, eso no; cura sí, pero no fraile.
“A la pobre le cayeron dos hijos frailes. Y encima se despidieron de ella para vivir en ultramar. Vivir en ultramar puede traer de rechazo ciertos bienes aparentes.
“Durante la guerra civil española yo me pasaba la vida en trineo por estas Alaskas de Dios. Fueron muchos los sacerdotes que perecieron en España. Mi madre decía a sus vecinas:
“-Al mío no me lo cogen, que está bien lejos”.
Sin embargo, ahora la madre había muerto. Allá, en León, de donde nunca salió. Y, claro, no había podido estar con ella en sus últimos momentos. ¡Mala cosa! Pero, después de todo, ¿qué? Y he aquí con qué sentimientos acogió el hijo la triste noticia:
“Por fin aterrizamos en Alakanuk con el suelo cubierto de nieve. A las pocas semanas me llegó la noticia del fallecimiento de mi madre en España. Con los años cambia el enfoque de ciertas cuestiones.
A partir de ese día podía ser yo más valiente, más arrojado, y hablar desde el púlpito o desde los micrófonos con mayor osadía. No estando ya mi padre, si algo me pasaba, ¿qué?
Ahora, tras aquella lectura, lo he comprendido mejor: el miedo a la muerte no es sólo el pavor natural por nuestra propia desaparición; es miedo al dolor que causaremos a los que más nos quieren a causa de la inaudita descortesía de morirnos.
El miedo a la muerte, en cierto sentido, no es otra cosa que el miedo de hacer sufrir. Y de hacer sufrir de un modo irreparable.
El miedo a la muerte es querer evitar a los que amamos esa pena…













