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Análisislunes, 24 de noviembre de 2025

Con las niñas no

Las estadísticas oficiales de la Fiscalía General del Estado demuestran que tras la pandemia de Covid-19 en 2020 las agresiones sexuales en Sinaloa han ido en aumento, ya que antes había poco más de 200 denuncias por año y después los casos superaron los 300.

Así lo dan a conocer las encuestas, las casas siguen siendo el escenario macabro para las infancias no sólo en Sinaloa, sino en el país entero, y a la vez los mecanismos de protección para ellas suelen ser endebles ante una autoridad que cada vez se vuelve más omisa. 

Con las vidas no se juega

Cinco incidentes, entre explosiones y fugas de gas, advierten que alguien no está haciendo su chamba.

El librito de emergencias, de cómo atenderlas, no se aplica como se debe.

Las modificaciones hechas al reglamento de Protección Civil Municipal pueden ser muy progresistas, pero si no operan al 100 por ciento de qué sirven si se pierde una o varias vidas en la atención de una emergencia.

La explosión de la taquería en el malecón hace una semana exhibe la incapacidad de las autoridades para la correcta supervisión de los comercios establecidos que requieren gas LP y otros combustibles.

Siempre tiene que ocurrir una tragedia para que la población se indigne, presione y a los días o meses el asunto quede sepultado.

Si los cinco incidentes en ese lapso no son para alarmar, hay que ver con qué criterio las autoridades razonan para prevenir estas fugas y explosiones.

Las otras fugas registradas en asentamientos de la periferia mazatleca ponen en la palestra a las empresas gaseras.

Desde la explosión de Petrolíferos en el Fovissste Esperanza en 2002, que por fortuna no dejó víctimas mortales, no se ha vuelto a registrar una similar.

¿Con qué frecuencia se realizan estas inspecciones? ¿Las sanciones son ejemplares como para que no sean reincidentes? Protección Civil Municipal debe responder a estas preguntas.

Desde los comercios se tiene qué garantizar rutas de evacuación óptimos, equipos anti incendios, es decir, para que los clientes estén “blindados” a cualquier chispazo.

En esta temporada decembrina, puestos de atole, gorditas, churros, elotes, utilizan quemadores que van conectados a tanques chicos de gas, que de seguro a diario se conectan y se desmontan. En ese trajín, algo puede fallar, y las tragedias no tienen horario.

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