Análisismartes, 4 de noviembre de 2025
Economía para todos / Cotejando datos
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Regeneración 19
El desempeño reciente de la economía mexicana arroja señales de enfriamiento que comienzan a hacerse visibles tanto en la producción como en el empleo formal. Los datos de la estimación oportuna del Producto Interno Bruto (PIB) para el tercer trimestre de 2025 muestran la primera contracción del año, después de dos trimestres consecutivos de expansión, mientras que las cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) confirman la desaceleración en la generación de puestos de trabajo formales. En conjunto, ambos indicadores revelan un panorama económico caracterizado por una pérdida de dinamismo y una incipiente fragilidad productiva.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el PIB registró una disminución de (-)0.3% trimestral con cifras ajustadas por estacionalidad, reflejando la falta de vigor que ha acompañado al crecimiento económico durante gran parte del presente año. Por sectores, el desempeño fue heterogéneo: mientras el sector agropecuario avanzó 3.2% respecto al trimestre previo, el industrial retrocedió (-)1.5% y el de comercio y servicios apenas creció 0.1%. Esta divergencia sectorial pone en evidencia que el motor de la economía mexicana continúa siendo el terciario, aunque con una marcada desaceleración.
A tasa anual, la contracción también fue de (-)0.3%, una señal que confirma la pérdida de fuerza del ciclo económico. En términos sectoriales, el agropecuario mostró un crecimiento de 3.0%, el industrial retrocedió (-)2.9% y el de comercio y servicios aumentó apenas 0.9%. En el acumulado de los primeros tres trimestres del año, la economía apenas crece 0.5%, con un claro contraste entre el dinamismo del campo (4.1%) y la debilidad de la industria (-1.5%).
La disminución del PIB en el tercer trimestre no solo rompe con la tendencia de crecimiento observada en el primer trimestre —0.3% y 0.6% trimestral, respectivamente—, sino que marca un punto de inflexión en la trayectoria económica del país. En términos anuales, las cifras originales refuerzan esta lectura: una caída de (-)0.2% en el tercer trimestre y un crecimiento acumulado de apenas 0.2%. De nueva cuenta, el agro se muestra como el único componente resistente, mientras que la industria se mantiene como el principal lastre del desempeño económico.
Esta pérdida de dinamismo se aprecia al observar cómo es que la economía ha transitado desde una fase de recuperación pospandemia hacia una etapa de estancamiento técnico, impulsada por un bajo ritmo de inversión, la moderación del consumo privado y la pérdida de tracción del sector manufacturero.
Por otra parte, la evolución del empleo formal, medido a través del número de trabajadores asegurados al IMSS, confirma esta tendencia de debilitamiento. Tras la recuperación observada en 2021, cuando la variación interanual cerró en 4.3%, las tasas de crecimiento del empleo formal comenzaron a reducirse paulatinamente. En 2022, el rango se ubicó entre 5.0% y 3.7%; en 2023, entre 4.1% y 3.0%; y en 2024, la generación de empleo formal mostró un enfriamiento más pronunciado, oscilando entre 3.0% y 1.0%.
Durante 2025, la desaceleración del empleo formal se ha consolidado. En el primer trimestre, las tasas interanuales fueron de 0.8%, 0.6% y 0.8%, respectivamente; en el segundo trimestre, de 0.2%, 0.1% y 0.0%; y en el tercer trimestre, de 0.5%, 0.3% y (-)0.1%. Este último dato —la caída interanual de (-)0.1% en septiembre— representa la primera tasa negativa desde la pandemia (periodo negativo en los datos del IMSS de abril 2020 a marzo 2021) y evidencia que la generación de empleo ha entrado en terreno de contracción, en línea con la caída del PIB.
La correlación entre ambas variables resulta elocuente: mientras la producción industrial retrocede, la demanda de empleo formal también se estanca. La contracción en el sector secundario, especialmente en la manufactura, podría estar reflejando lo efectos de un menor dinamismo en las exportaciones hacia Estados Unidos, así como los rezagos de inversión pública y privada en infraestructura productiva. Al mismo tiempo, el bajo crecimiento de los servicios sugiere que el consumo interno no ha sido suficiente para compensar la debilidad externa.
Si bien el sector agropecuario continúa mostrando un comportamiento positivo, su peso relativo dentro del PIB total no basa para revertir la tendencia general. En consecuencia, el desempeño económico del país depende en gran medida de la recuperación de la actividad industrial, particularmente de las manufacturas orientadas a la exportación.
Con ello, los datos permiten afirmar que la economía mexicana atraviesa por una fase de desaceleración clara, caracterizada por una contracción del PIB y una pérdida del dinamismo en el empleo formal. La combinación de ambos factores plantea desafíos relevantes para el cierre de año: recuperar la confianza de la inversión privada, fortalecer la productividad industrial y generar las condiciones necesarias para que el crecimiento vuelva a traducirse en empleos formales, sostenibles y dignos. Sin un cambio de rumbo en estos indicadores, el país podrá enfrentar una fase de estancamiento prolongado con efectos adversos sobre el bienestar social. Cuídese mucho.