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En cada mes de enero, y precisamente de un par de años para acá, la Rosca de Reyes ha pasado de ser un símbolo tradicional a convertirse en una fuente que genera un importante debate. Y es que se ha acrecentado la práctica de la reventa de este pan tradicional por parte de “emprendedores” ocasionales —que adquieren grandes volúmenes en tiendas de mayoreo como Costco o Sam’s Club para revenderlas a precios cuantiosamente altos en la mayoría de las ocasiones— que deja entrever ciertas dinámicas del mercado y un alcance que va más allá del “ingenio comercial”, mereciendo un posible comentario desde la microeconomía y el bienestar social.
Adicionalmente, esta dinámica no se restringe a ciudades donde existen este tipo de establecimientos —cadenas de venta al mayoreo—, sino que, en años recientes (incluso se ha podido observar en redes sociales), el fenómeno ha escalado a tal magnitud que algunas personas se trasladan —con tráiler o camiones— a lugares donde sí existen estas cadenas, adquiriendo grandes cantidades de roscas para luego revenderlas en mercados —en este caso ciudades o localidades— donde la oferta es inexistente. Bajo estos contextos, es muy fácil amplificar el margen de ganancia, generando prácticas abusivas desde la perspectiva del consumidor.
Desde la perspectiva de la microeconomía, este fenómeno puede ser explicado por un desajuste temporal entre la oferta y la demanda. Inicialmente, las cadenas de mayoreo planifican su producción para satisfacer a un segmento del mercado, que son los hogares que tienen membresía. No obstante, cuando aparecen ciertos intermediarios que acaparan el producto, se genera una escasez, incrementando el precio para consumidores finales sin membresía, enfrentando una menor disponibilidad y mayores precios. Así, el proceso no incrementa la producción de roscas debido a que la cadena solo produce cierta cantidad, sino que se redistribuye el producto entre quienes tienen la capacidad de pago, generando un deterioro en el bienestar de la sociedad.
Dentro del enfoque del bienestar social, el impacto de esta dinámica es significativo. Es decir, un consumidor final —sobre todo aquellos en lugares sin alternativas— se enfrentan a precios altos frente a los que originalmente se ofrecían (en la cadena comercial) sin el acaparamiento. Si bien, los revendedores obtienen un margen de ganancias elevado, esto no significa un incremento del excedente social, sino una transferencia del ingreso acompañada de una pérdida de eficiencia relacionada con la escasez y los costos de transacción.
Por otro lado, un impacto en el bienestar también está asociado al consumo local, donde las panaderías locales ven mermadas sus ventas debido a los gustos y preferencias que han sido moldeados por la moda y el prestigio asociado a las grandes cadenas de mayoreo. Con ello, aun y existiendo oferta local, esta queda desplazada por un producto producido a un menor costo debido a la gran capacidad productiva.
Asimismo, se pueden observar los efectos ingreso y sustitución en esta dinámica económica que refuerzan este diagnóstico. Por una parte, el incremento del precio exige a los consumidores a sustituir la rosca por otros productos o reducir su consumo, mientras que aquellos consumidores que tengan un mayor poder adquisitivo, podrán adquirir el producto absorbiendo este aumento de precio y profundizando la segmentación del mercado.
Adicionalmente, en lo personal, difícilmente puedo catalogar este tipo de dinámicas como “emprendimiento” en sentido estricto. Más bien, parecería que se trata de un emprendimiento extractivo y ocasional que depende de las fallas temporales del mercado. Acercándose más, —desde la perspectiva schumpeteriana— a la especulación que al emprendimiento genuino.
Así, esta dinámica económica puede ilustrarnos cómo es que las decisiones individuales pueden ocasionar resultados socialmente ineficientes; donde más allá de la anécdota que ocurre año con año, el fenómeno nos invita a reflexionar y diferenciar sobre cómo, cuándo, cuándo y por qué consumimos, así como la necesidad de distinguir entre el emprendimiento que genera valor agregado y aquel que, aunque es rentable, termina deteriorando el bienestar colectivo. Cuídese mucho.