Hitler, el artista resentido
Por sus calles empedradas, cafés, museos y teatros deambulaban personajes como Sigmund Freud, Gustav Klee, Stefan Zweig, Gustav Mahler, Broch, Musil entre muchísimos otros, que se daban cita en el legendario café Central de la Herrengasse Straße.
Por tanto, para todo aquel que tuviera pretensiones artísticas o intelectuales, la capital del moribundo Imperio Austrohúngaro era un punto de cita obligado.
En 1907, un adolescente Adolfo Hitler, que, desde los doce años, había decidido ser pintor, llegaba a Viena y aunque tenía sensibilidad estética, carecía de talento artístico, razón por la cual, fue rechazado en dos ocasiones de la academia de artes.
A pesar de ello, Hitler no regresará a su natal Linz, se quedará en Viena, sobreviviendo vendiendo pinturas de su autoría, con un abrigo prestado, durmiendo en un hostal de mala muerte y comiendo en albergues para indigentes.
Hitler se consolaba en ese tiempo pensando en que Makart y Rubens también habían sido pobres antes de ascender, a pesar de ello, fue sin duda, un tiempo que Hitler después recordaría como la peor época de su vida.
Por esta circunstancia, algunos historiadores sostienen, que para cuando Hitler, después de anexionar Austria en 1938, ordena de manera terminante la degradación política y cultural de Viena, fue como resultado de ese odio insano que había sembrado desde su juventud.
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