Lo sublime y la experiencia estética
A través de la contemplación que no es más que el encuentro de nuestro modo de percibir los objetos como siendo destinados para ello, viene a la vida el placer de la experiencia estética.
Para Burke la experiencia de lo sublime participa de una afección semejante a la del terror en tanto que comparte la misma estupefacción o asombro y esto es lo esencial de lo sublime; la sensación de desbordamiento.
Para esto pone como ejemplo a los animales salvajes cuya majestuosidad va unida a una sensación de peligro que produce un miedo que los hace sublimes al estar en presencia de ellos.
La observación anterior parece contrariar la intuición común del lenguaje actual, para el cual lo sublime se toma para describir uno u otro placer sensual, es decir, es más próxima a la interpretación de los románticos y filósofos alemanes.
Y desde luego que podemos aprender algo útil del estudio de nuestras pasiones en sí mismas, que son una unidad de análisis significativa.
Burke llega a la conclusión de que el terror colinda y se revuelve al punto de hacerse indiscernible con la experiencia de lo sublime y que por lo tanto lo sublime es una emoción de aflicción.
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