La dependencia llevó a cabo una reunión de información para que los docentes y directivos sepan cómo actuar en caso de recibir a un estudiante con estas características
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
¿A poco podemos caminar por la vida sin estar conscientes de lo que hacemos?... ¡Esto es posible, aunque no conveniente!, un vivir inconsciente sería un barco sin brújula, sin timón, ni timonel. ¡Un errante de los mares! Al que la tormenta lleva y trae. Los que saben del tema dicen que la guía, que cada quien nace de lo que poseemos y que se llama consciencia; ese sentimiento de cada cual, que lo lleva a dirigirse a sí mismo y valorar sus acciones.
Esta época es la del desorden social, verdadero o aparente, nacional o mundial. Pero es una circunstancia que toca nuestra vida. Nos invita, nos siembra dudas para que, sin la seguridad de lo que somos, terminemos por confundirnos. Esta narrativa viene al caso porque hoy nuestra sociedad mexicana tiene una dirección política, que cambió de manos hace unos siete años.Los exdueños sueñan que, en el próximo sexenio, “les devuelvan la cancha”.
Pulsan de mil maneras el sentir popular y saben que mediante el voto no llegarán. Por eso, en lo “oscurito” practican acciones envenenadas. Quieren imponer lo caótico para luego decirnos —“lo que hago es por tu bien, es lo que te conviene”—, se trata de dinero, mucho, muchísimo dinero, tanto como personajes políticos del pasado acumularon en paraísos fiscales.
Operan desde las sombras. No se detienen ante nada, están dispuestos a todo para regresar al mando. Pero topan con un gobierno electo que defiende su legitimidad. Entre uno y otro está la ciudadanía inerme, que estupefacta asiste a esta confrontación. Segmento poblacional de millones, que solo cuenta con su consciencia social para asumir sus decisiones.
Pero hay acontecimientos —que ellos convierten en invitaciones a la violencia— los magnifican. —Encapuchados marchando que golpean y destrozan—; accidente ferrocarrilero que se sospecha a propósito; asesinato de munícipe que convoca al levantamiento social, son pretextos para llamar al desorden, para invitar a derribar a la autoridad central.
Al unísono, las redes sociales se inundan de falsos videos, noticias infundadas, llamados al odio. La calumnia la propagan en círculos concéntricos. Gruesos troncos atizan la hoguera que quieren convertir en incendio de proporciones. Se riega combustible para que la vida social se inflame.
Curiosamente, los indicadores económicos están firmes. En las anteriores elecciones presidenciales yo miré resultados inobjetables, pero no han cesado las calumnias que desgastan. Es cierto, hay eventos de corrupción —nada que se equipare al alemanismo, el calderonato o el foxismo—. También hay resultados que indican las buenas intenciones. Nacionalistas, defensoras de la soberanía que atienden a los necesitados, a la educación y a la salud.
No todo se ha resuelto, ni se resolverá porque el problema es mayúsculo. La soberbia no quiere pagar impuestos. Muchos gobernadores engordan sus carteras. Los munícipes, rescatando lo invertido, y además sus ganancias. La pesadilla neoliberal del saqueo dejó profundas consecuencias que hoy se arrastran —privatización de ferrocarriles, de playas, concesiones mineras, petroleras, del agua y fraudes maquinados, como el de rescate bancario que nos endrogó por generaciones, etc.— fue una larga pesadilla de entrega al extranjero, de robarse lo de México.
Solo se detuvieron cuando advirtieron que estaban alimentando una revuelta social gigantesca. El campo abandonado, expuesto a la privatización, a la codicia trasnacional. Los precios de garantía se fijan en Chicago. El caos se hereda. La descomposición social de México se alimentó con la privatización de la educación y de la salud, de la energía eléctrica. Este es un desdibujado perfil de lo que hoy somos y heredamos del pasado.
Pero el neoliberalismo nos trazó dos caminos. Seguir profundizado la brecha abismal entre ricos y pobres o trabajar incansables para crear la consciencia cívica, social y nacionalista que contenga las ansias caóticas y conduzca al voto consciente. Esto, o cruzarnos de brazos esperando que la solución se genere por sí misma.
Los actuales son tiempos de desorden alentado y alimentado, y si no queremos extraviarnos en el caos, la brújula de orientación, será la consciencia individual firme y segura. Esa consciencia dirigirá a cada quien en sus decisiones; es una realidad que a ningún puerto seguro llegaremos sin ella. Porque una situación imperante del caos solo servirá a quienes desde las sombras la esperan para imponer sus ambiciones.