Ayuntamiento de Tlaxcala e INAH presentaron la obra, que se enmarca en dos fechas clave: los 40 años de la declaratoria federal de la Zona de Monumentos Históricos y los 500 años de la fundación de la ciudad
La jornada puso en el centro la diversidad lingüística como patrimonio vivo, promoviendo el uso del náhuatl y el otomí entre nuevas generaciones y fortaleciendo el vínculo entre cultura, identidad y territorio
La activista advirtió que más del 70% de los casos en América Latina están impunes por falta de colaboración jurídica de empresas; llama al Congreso de Tlaxcala a armonizar legislación local con la federal
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¡Es humano!... ¡Es de todos!... Es el amor que en la pubertad nos invade y se queda para siempre, pero de jóvenes solo es dulzura y felicidad. Lo traemos en los genes, pero despierta en la “primavera de la existencia” y a todos nos “castiga” sin exclusión. Sin él no habría mundo de lo humano. El amor no pide permiso, llega y se acomoda entre los pliegos de los sueños. De repente tiñe al mundo de ternura, lo trasmuta, sobre todo entre el corazón y entrepierna.
Juventud soñada que viste los campos de hermosura vegetal y la música de ángeles invade nuestro entorno. Es el amor que llega. Pero ahora padecemos uno de los inviernos más descarnados. Dicen que en el país del norte la gente está viviendo entre hielos. ¡Hay mucha enfermedad!... —¿qué haríamos sin los consultorios populares del viejito barrigón y similar?—. ¡Porque no debemos ser exigentes!, no querramos que se haga lo imposible ahora que desconocidos bichos acechan, que otros mutaron para mal y que el Covid regresa debilitado, pero nosotros, ¡no debemos ser incomprensivos! No salgamos con la barrabasada de que el gobierno ordenó este invierno.
Él atiende lo que urge, hay que tejer alianzas, viajar, convencer, impulsar, comprometer, subsidiar al cachorro del compromiso. No vaya ser la de malas ¡ni Dios lo quiera!... que esa guerrillera de la palabra llegue al poder y ponga todo de cabeza, que tal si espulga y saca los esqueletos del closet. —Cuántos comprometidos bailarían las “calmadas”—. ¡No, que eso no suceda! Mejor, como diría mi abuelo, “que viva la parranda, aunque perezca la familia”. Y primero es lo primero.
Pero hablábamos del amor, que cuando llega, revierte, divierte y pervierte a la vida. Entonces, la existencia siente dulces golpes en el pecho. El primer amor despierta primero al corazón y luego a las hormonas y cuando ambos sentires se juntan, ahí vamos de rodilla buscando al corazón amado. Etapa en que creemos que la primavera se hizo solo para nosotros. Que los sueños son la vida porque las flores estallan en colores. ¡Bueno!... hasta somos capaces de bañarnos y perfumarnos, de ir a misa si esa es la condición.
¡Ay de nosotros!, si nos corresponden entonces, acomodamos nuestra vida en la panza de una nube y ahí recostados estiramos la mano hacia arriba y tocamos las estrellas y boca abajo, apapachamos la cumbre nevada de la más alta montaña y desde ahí, llenamos de celeste musicalidad a los suspiros más hondos. Solo ponemos los pies en la tierra cuando las necesidades humanas nos obligan y, aun así, las flores nos miran con asombro y las mariposas vuelan entre húmedos pastos en que giramos. ¡Bueno!… ¡Cómo no sabemos bailar, pero ella sí!, ensayamos con las tías, con la mamá y hasta con la abuela.
La cosa es demostrarle que somos “hombres de mundo”—porque ella no sale con chamacos miones— ¡Si! ..., el amor nos transforma, nos perfuma y eleva, sin quererlo y sin rumbo ha caído la perla del amor en el cáliz divino, se dice que hay que atraparlo porque si se va ya no regresa. Pero después se pervierte.
Catorce de febrero. El comercio ha vuelto mercancía al sentimiento… ¡Regala!, ¡llévala a comer!, ¡a cenar!, ¡dale motelazo!, ¡flores!, ¡un perfume!, ¡regala, regala, regala!... ¡Qué tal un inmenso oso de peluche que al año viaje en el camión de la basura!... son las facetas del amor.
Lo ¡rompidito!, diría mi abuelo, viene cuando de sujetos nos convierte en objetos, nos esclaviza y hace de la relación sentimental una convivencia mercantil “sociedad conyugal”, le llaman los “escrebidos” y entonces el amor se pervierte. Primero lo divertido. La fiesta –¡mejor te visto de china poblana y te llevo a Dubái!— ¡la luna de miel y los primeros pleitos! Pero encima de las conveniencias, muchos amores triunfan y entonces como los cuentos de hadas “viven felices para siempre”, “se aman hasta la muerte”, “que hermosa pareja”, “son un ejemplo”, “debe ser muy lindo”, dice la admiración de la gente.
Entonces el amor se sublima, escala desde las llanuras de la indigencia hasta las cumbres de la felicidad, desde la indiferencia y el desprecio hasta la entrega sin reservas. Al pobre se le mira rico y al feo se le mira guapo —¡Dios mío dame fortuna, porque lo feo con dinero se me quita!—. Donde llega el amor —el de a deveras— bailan los cielos tomados de la mano de las estrellas más radiantes; “los rostros más jetones” se llenan de alegría y aunque las noches sean de hielo derretido, en mis sueños, conforta la playa más linda y cantan sus himnos las olas mas bellas.
¡Ah!... ya viene el carnaval —¡bailan y bailan!— llenan los aires de danza y alegría —¡bailan y bailan!— llenan la vida de giros y de juventud. Pero si el amor del corazón y esa inquietud corporal extraña que nos eleva la bragueta coinciden, —porque son emociones diferentes— y si se encuentran en pareja, entonces nos alocamos y no pensamos y nuestro cuerpo tiende a la prolongación de nuestra especie. El catorce de febrero se festeja el amor humano. Pero el amor sexual anima nuestra parte animal, ambos en conjunto nos conducen al paraíso o al infierno donde los dioses habitan o el chamuco festeja.