Contexto | Leyenda en la segunda de Aldama (3)
“ahhhhh, ehhh, Te caelum protegat, lux appareat, pulchra puella vita erit bonum tibi…ahhh, ehhh”, escuchaba repetir una y otra vez.
Yolanda de pronto se quedó tranquila. Poco a poco le volvía la calma. Las mujeres se habían ido. El espectro, ese enorme hombre vestido de negro parecía haber desaparecido como si se lo hubiera tragado la tierra. “los muertos siempre vuelven al mismo sitio”, pensó.
Un ambiente de paz parecía reinar en la casa, en esa casa vieja de tres patios, de flores y de una pileta que guardaba el agua congelada de la noche. Las dos abrazadas parecían cubiertas con una luz que iluminaba. “Solo el amor salva a las almas” solía decir Yolanda.
El amanecer empezó a entrar a la recamara. Yolanda y la niña seguían sumidas en un sueño tranquilo. La luz del sol iluminaba sus cuerpos blancos como si fueran una imagen de la piedad.
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