Sin dramatismo ni alarmismo, ni por tragicomedia o maligna espectacularidad, pero estos momentos de Zacatecas son realismo devastador, como un culmen de conflictos y de crisis que agigantan los obstáculos a la consigna del 2026 como el Año del Progreso, pero que han de ser transformados en desafiante oportunidad para empezar a construir la hazaña del crecimiento económico y el desarrollo social con bienestar que durante décadas y sexenios se le ha negado a la población que siempre se alza como indomable ante las adversidades y los fallidos gobiernos que no han sido capaces de enlazar los esfuerzos de la clase política con la empresarial y de la sociedad para cumplir el sueño de progreso.
La cobertura informativa actual y en tiempo real ofrece los más claros y evidentes testimonios de este sombrío panorama que es de hecho una descomunal resistencia: que el ISSSTEZAC está tronado, quiebra que se exhibe por el irresponsable fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, lo dice y reconoce el gobernador David Monreal, un resolutivo que viene del fuego amigo como Poder Judicial federal, “cría cuervos y te sacarán los ojos”, que la Federación exige al gobierno estatal liberar los terrenos de la presa Milpillas e impone plazo hasta el último día de marzo para iniciar la obra con la histórica inversión de 9 mil millones de pesos; que el senador Saúl Monreal se une al grito de la sociedad zacatecana, que urge a los gobiernos federal y estatal sacar las vías del tren, cuyos descarrilamientos son peligrosa amenaza.
Zacatecas, el corazón minero de México parece estar al punto del infarto y más dolencias recientes con la tremenda crisis económica y financiera de la Universidad Autónoma de Zacatecas, por la crisis educativa que se refleja en el activismo desestabilizador de las Secciones 34 y 58 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, la CNTE no el SNTE, los primeros por incumplimientos de la SEP y los segundos que exigen los pagos de aguinaldos 2024 y 2025 a los jubilados del ISSSTEZAC, mandato de la Suprema Corte de Justicia.
Las alentadoras expectativas de progreso de pronto entran en decadencia, la vida de Zacatecas en un hilo, turbulencias que permanecen irresolubles, debilitantes, que vulneran los esfuerzos de conjunto que el gobierno y la sociedad rehacen para emprender otra vez la gesta interminable por el desarrollo integral, los liderazgos del estado en materia de seguridad y minería ante la Nación, se opacan y más ascienden las imágenes y realidades del Zacatecas en deterioro, estancado, empantanado en medio de las crisis y los conflictos provocados por la ineptitud de los gobiernos y de una clase política muy encumbrada, pero confrontada y nunca corresponsable con el estado y su pueblo.
Frente a la narrativa realista, hasta el desbordado optimismo de la senadora Geovanna Bañuelos de la Torre, que atisba estabilidad económica para este 2026, se derrumba. Claro, su estabilidad personal puede estar garantizada por este año y la década y siguientes sexenios, pero no se asoma a ver la crudeza en el semidesierto y el altiplano, ni la pobreza de más de 600 mil zacatecanos. Y bajo estas condiciones de incertidumbre, tal parece que con mucho orgullo resalta el diputado Jesús Padilla y su traición a Zacatecas y deslealtad al gobernante, por su oprobiosa y deshonrosa oposición a la Presa de Milpillas. Con todo respeto, pero “qué poca............”