Datos de la ENSU del Instituto Nacional de Estadística y Geografía revelan reducción en percepción del delito en Zacatecas y Fresnillo, pero aún superan la media nacional
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/ Foto: Flor Castañeda / El Sol de Zacatecas
“Que no hay dinero”, eso no se les debe decir a los 300 enfermeros y enfermeras que con respaldo del Sindicato Nacional de Trabajadores de Salud, sostienen pronunciamiento y paro en los hospitales generales de, Fresnillo, Jerez, Loreto y el de la Mujer en Zacatecas Capital por incumplimiento de pagos en su recategorización, otra crisis que estalla en Zacatecas para solo confirmar que el estigma de la conflictividad se extiende en perjuicio de la clase trabajadora, como así ocurre con el magisterio y ahora con los trabajadores de enfermería que debieran estar incorporados al programa estatal de profesionalización desde hace de un año y que solo reciben pagos como códigos auxiliares.
Que el gobierno les responda que no hay dinero, no es argumento y mucho menos razón valedera para que no les den solución, son derechos laborales que se han de cumplir sin dilación, desde su sanidad financiera el gobierno estatal debe optimizar su capacidad de gestión para que de inmediato les otorguen normalidad, aunque sea responsabilidad federal, dan servicio de calidad a los zacatecanos y el gobernador David Monreal y su Secretario de Salud, están obligados a abrir cauces de solución para que no haya afectación en los servicios de salud a la población, son compromiso por 50 millones de pesos, recursos que deben conseguirse a como dé lugar.
Inconcebible que un conflicto de este tamaño tiene que trascender como problemática difícil de atender, en plena cuesta de enero, que para esos trabajadores es vertical e imposible de escalar o superar, resulta injusto y hasta inmoral que prevalezca y que con esas omisiones e ineptitudes se traicione la consigna de la Presidenta Claudia Sheinbaum que en Guerrero acaba de reiterar, ¡primero los pobres!, y en efecto, este sector de trabajadores de la salud, enfermeras y enfermeros, son gente que surgió con esa vocación desde las clases más humildes, sus salarios son irrisorios, insuficientes para dar satisfacción a las necesidades más apremiantes de sus familias.
El paro es de brazos caídos, tratan de evitar no lesionar a sus pacientes en los hospitales o impedir la normalidad en las consultas y atenciones a cientos de familias en las zonas urbanas y rurales que los requieren; para este día se han programado mesas de diálogo que se han de asumir y desarrollar con seriedad y responsabilidad, porque sobre aviso no hay engaño y con mucha razón, las enfermeras en paro y su sindicato, la sección 39 que lidera Norma Castorena, advierten radicalización de sus manifestaciones e incluso, ya promueven y organizan una megamarcha para el miércoles próximo si el IMSS Bienestar y el gobierno estatal no responden a sus justos reclamos, el pago como profesionales.
Definitivamente, este no tiene que ser otro conflicto en prolongación para solo ratificar que en Zacatecas cunde la vocación por los conflictos, los derechos de los trabajadores de la salud han de ser respetados, ese adeudo de 50 millones de pesos a los 300 enfermeros y enfermeras, no es ni significa un gran obstáculo para la enorme capacidad y calidad de gestión del gobernador David Monreal, que con la mano en la cintura puede solucionar y evitar que esa negativa imagen de Zacatecas conflictivo crezca y se arraigue para estorbar a la estrategia del Año del Progreso.