Análisismiércoles, 24 de mayo de 2017
Decisiones
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Pensar en el futuro es un esfuerzo que vale la pena. Sopesar los beneficios y riesgos de perseguir un objetivo específico tiene sentido. Sin embargo, ¿cuántas veces nos vemos atrapados en un círculo sin fin pensando en algo sólo para que eso nos lleve a pensar en más cosas? Con el tiempo, la vida pasa y no hemos hecho nada. Se hace necesario tomar decisiones para poder avanzar.
A menudo en la vida no conseguimos lo que queremos, porque no sabemos exactamente lo que queremos, o no estamos dispuestos a elegir y concentrarnos en una de las cosas que queremos, excluyendo otras posibilidades. Es posible que el soñemos muchas cosas. Puede ser que crecimos queriendo ser médicos, abogados, astronautas y atletas profesionales, todo al mismo tiempo. ¿Qué tan factible es hacer todas esas cosas a la vez?
Para lograr una cosa particular en la vida hay que centrarse en ella y darle seguimiento. Si pasamos el tiempo sentados en un cruce de caminos mirando por cada camino y meditando a dónde podría llevarnos, nunca llegaremos a ninguna parte. La ambivalencia puede proporcionarnos una gran actividad mental. Puede ser que se nos sentemos durante horas y contemplar los pros y los contras de tomar esta acción o aquella. Sin embargo, la contemplación, en sí misma, no conduce a la acción. La acción nace de la decisión. Si somos indecisos, somos inactivos. Si estamos inactivos, no hacemos nada. Seguiremos en lo mismo sin importar cuanto tiempo pase.
¿Qué pasos podemos tomar que nos lleven a tomar buenas decisiones? En primer lugar, deberíamos pensar en pasar tiempo pensando en qué es lo que queremos hacer. Pero este período de pensamiento debe suceder en un período específico de tiempo. Tenemos que darnos tiempo para pensar, pero hay que poner límites al período de pensar si alguna vez vamos a tomar una decisión.
Una vez que hemos pensado en algo —una meta, un curso de acción, sea lo que sea— es necesario mostrar madurez y tomar una decisión. La madurez entra en juego porque hay que aceptar que son nuestras acciones después de tomar una decisión lo que afectará los resultados de nuestra empresa. En otras palabras, debemos asumir la responsabilidad de nuestro propio éxito.