Análisisjueves, 9 de marzo de 2017
Cadena estrellada de teofanías
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Hablamos en el artículo anterior que el Hecho Guadalupano, por sus poderosas convergencias, podría considerársele el último acontecimiento bíblico-astronómico multicultural por su tremenda carga teofánica, es decir, una manifestación de la divinidad al hombre (de todas las épocas) a través de las fuerzas y los fenómenos de la naturaleza. Y se habla de que es multicultural, porque estas manifestaciones son consistentes a través de la historia. En el caso de la cultura semita, específicamente hebrea, lo vemos en el monte Tabor (Mateo 17).
La transfiguración de Cristo y la voz que escucharon los apóstoles en el monte Tabor hablaba de Dios en su propia cultura: monte, fuego, nubes, rayos, humo, voz, etc. (Ex. 3 y 4; 19, 18; Deut. 4, 11-12; Mat. 17, 2; Mc. 9, 2; Luc. 9, 28; Hch. 2, 3). Lo mismo sucede en la Teofanía del Tepeyac, donde se despliegan los símbolos nahuas de la presencia divina, de acuerdo al P. Mario Rojas: monte, cantos, pájaros, el sol y sus rayos, piedra y nopal, jade, plumas preciosas, resplandores, tierra, niebla, arcoíris, mezquites, esmeraldas, turquesas, espinas, etc.
Otra coincidencia es que ambas culturas, como el resto de las culturas antiguas, compartían el interés por las estrellas. Recordemos a Job decir “¿Eres tú quien mantiene juntas las Pléyades y separadas las estrellas del Orión? ¿Eres tú quien saca a su hora al Lucero de la mañana? ¿Eres tú quién guía a las estrellas de la Osa Mayor y de la Osa Menor?.. " (Job 38:31-33). Para los náhuatls la Osa Mayor era el sol nocturno, Citlalocélotl o Jaguar mexicano, evocando un nuevo orden, según Ángel M. Garibay, o con Citlalicue, diosa de la Vía Láctea, señora de las estrellas.
El hombre antiguo, (en Topia, Durango habría astrónomos empíricos que definen el tiempo de siembras), sabría de inmediato lo que la moderna tecnología ha descubierto en las estrellas no visibles del manto, por ejemplo, "Coma Berenice", cuyo nombre antiguo en hebreo, según algunas versiones, es COMAH, El Deseado o el tan deseado (Ageo 2,7) y que los zodiacos antiguos ilustraron como una mujer con un niño en sus brazos. O para los náhuatl, el Sol o Tonatiuh, a espaldas de la Virgen, que era para ellos “el resplandeciente, el niño precioso”.
El hombre contemporáneo recién ha vislumbrado las constelaciones del manto de la Virgen de Guadalupe, con las conclusiones a las que llegan expertos como Fernado Ojeda Llanes respecto al día y la fecha en que se imprimió la imagen en la tilma de Juan Diego (6:45 am). Y aún se desconoce el impacto cultural que otro descubrimiento tendría (si existiera en el futuro) para otro pueblo semita que honra de manera extraordinaria a María y la Media luna, como sería el caso de los árabes musulmanes. Basta decir que el nombre “Guadalupe” tiene origen árabe.
¿Verá la humanidad futura otra “señal en el cielo” como la mujer de Apocalipsis 12,1, además de la que vio Juan el Evangelista, Juan Diego en el Tepeyac y nosotros en los curiosos descubrimientos que se han dado en los ojos de la virgen de Guadalupe? ¿Nos guía la imagen del ayate como la estrella guiaba a los magos al Salvador (Mateo 2,9-10)? No olvidemos que algunos escritores eclesiásticos consideran que una antigua etimología del nombre de María sería “luz sobre el mar” de donde surge Stella Maris: "Estrella del Mar". ¿Será otra casualidad?