La SHCP anunció descuentos en la tarifa del impuesto a los combustibles, aplicables a partir de este sábado y hasta el viernes próximo, ante los incrementos en precios en estaciones de servicio
El Sol de México, El Heraldo de Chihuahua, ESTO y El Sol de Puebla se convirtieron en los primeros en México en recibir esta certificación internacional
Hasta la tarde de este viernes, autoridades judiciales aún no programan la formulación de imputación contra los detenidos; de manera preliminar enfrentarán cargos por delitos contra la salud
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El liberticidio es la muerte de la libertad. Si bien toda libertad requiere un grupo de normas regulatorias, también está el extremo del legeforismo, que es el empeño de aplicar una ley interna desconociendo otros ordenamientos internacionales, lo que termina por causar lo que se deseaba evitar: caos, desorden, anarquía, censura de la minoría que administra a la mayoría. Primero, se empieza con pequeñas infracciones a los derechos individuales del Estado cuyo efecto inmediato no se ve, y termina por marchitarse la existencia individual y social. Así murió el político Carlos Manzo.
Se inicia con las muchedumbres reunidas en las elecciones del poder judicial que no saben por qué y por quién votar, característico de un gobierno dirigido por un puñado insignificante de privilegiados, y se termina por otorgar el mismo valor a los individuos que el valor que tiene el Estado que ellos componen. Con un Estado que empequeñece a los hombres para hacerlos instrumentos dóciles, ninguna cosa grande podrá ser realizada, como dice John Stuart Mill. Claro que el absolutismo, ni es una salida ni una solución a los problemas económicos y sociales de una sociedad.
Afirmamos que hay que tener cuidado porque sigue habiendo personajes como Rousseau que aún piensan que por la fuerza se puede imponer la libertad al no-libre, o como el compañero Marx, que pretendía imponer el amor por una vida de prisión. Y no es poca cosa pensar en lo peligroso que es el Síndrome de Estocolmo, padecido por la izquierda marxista mexicana, que aún sufre un cierto amor patológico por la opresión o los verdugos, producto de su admiración por regímenes como el cubano o el venezolano, especialmente insanos por las asimetrías de desigualdad de sus dictaduras.
La izquierda tradicional, primero habla de emancipación, liberación e independencia, especialmente cuando es minoría y no está en el poder, pero cuando es el partido que gobierna, junto con sus aliados, eliminan esos deseos. La estrategia dictatorial es signo de una pobre civilización y de una falta de progreso intelectual, como desean los grandes escultores de utopías.
No se pueden esperar nada bueno de aquellos que atesoran el espíritu jacobino de venganza, el mismo que escoltaba a la Revolución Francesa, o que siguen religiosamente a Marx como apologista de la violencia, porque el Estado desea una normalidad donde cada cual intenta vivir a costa de los otros, pero sin productividad.
Hay que recordar que, como principio, el liberalismo confía en el valor de las personas. Nada bueno nos espera si sólo en el Estado o el caudillo existen los valores del talento, el esfuerzo, la dedicación o el trabajo, tal y como si no valiera el progreso como fruto del mérito personal.