Análisismartes, 10 de octubre de 2023
Como siempre y mejor que siempre
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José Fouché tenía un gran talento innato para la política. Un hombre que además de ser contemporáneo de Napoleón y Robespierre, se encargó de marcar una época de transición política en la historia del mundo. José Fouché estableció una forma de vivir y actuar dentro del argot público. La increíble trayectoria política y el éxito en todas y cada una de sus decisiones son, para algunos expertos, la representación cruda y moral del arte de hacer política.
Stefen Zweig analiza profundamente el actuar de este gran personaje. Lo describe a cabalidad; cada uno de sus rasgos físicos y emocionales, así como el modus operandi de su tan aclamada carrera política. Tras una excelente narrativa del entorno de la Francia de aquel entonces, el autor presenta a José Fouché como un genio tenebroso capaz de poder escabullirse en cualquier rincón del éxito si tan solo así lo quisiese.
José Fouché gustaba del exilio. Pensaba que había que replegarse a la oscuridad, tratar de ser olvidado de manera fácil, mantenerse en silencio mientras todos los demás gritan, tratar de pasar inadvertido en la mayoría de las ocasiones. El genio creador normalmente requiere encontrarse en aislamiento forzado para medir y calcular desde la profundidad de la desesperación, desde la lejanía y el más allá del destierro, el horizonte y la altura de su verdadera misión. Los más altos mensajes han venido desde el destierro; buda, Jesús. A veces el propio genio presenta exigencias; una ausencia temporal da al hombre nueva lozanía en la mirada y mayor intensidad para pensar y calcular el juego de las fuerzas políticas. Nada más propicio para una carrera que su interrupción temporal.
Aislarse provoca grandes visiones. Permite ver que el mundo desde arriba no conoce otra cosa que la sonrisa de los subordinados y su peligrosa complacencia. Esto solo es una clara lección de que la riqueza permanente debilita, el aplauso constante hace insensible, estar expuesto a la constante aclamación y los tambores desgasta la figura poco a poco. Un cargo es según quiere el hombre que lo desempeña, la silla no hace al hombre si no el hombre a la silla. Entender esto significa madurar en la toma de decisiones pública y también, permite llegar a la sana conclusión de que el poder se debe disfrutar discretamente.
Luchar por la vida y por el poder es necesario para desarrollar asombrosas fuerzas y fortalezas. Cuando José se encontraba totalmente arrinconado, siempre salía a relucir su instinto de supervivencia. Confiaba siempre en sus instintos; obedecía siempre a la voz de la conciencia para poder encontrar un camino apropiado por el cual dirigirse y convencer a mas hombres.
Ejercía perfectamente el arte de negociar. José entendía que hay que dominar los nervios y no dejarse llevar por las simpatías de una parte ni de otra. Para él, cometer una equivocación era mucho peor que cometer un crimen. Entendía por completo las necesidades de los hombres y conocía el camino por el cual llegar a sus conveniencias. Luchaba contra los hombres, a los charlatanes los derribaba con un gesto.
Como siempre y mejor que siempre. Así era como siempre contestaba José cuando le preguntaban por su estado de ánimo. A muy temprana edad, entendió que aprender a hacer política conlleva a comprender una simple, pero muy directa lección; que lo único que te da la razón contra todos los demás es el éxito. Fue ahí el claro momento donde se propuso alcanzar los cielos de la cumbre política, pues quien sueña con las alturas no se contenta con pequeñeces; estará constantemente buscando los más grandes escenarios para poder mostrar sus habilidades. José pudo triunfar tras bambalinas, porque desarrolló una grandiosa habilidad para poder olvidar frenéticamente rápido su pasado.